Lo que más me gusta de un mundial de futbol o de una olimpiada es tener la oportunidad de conocer más sobre el país anfitrión y los países que participan.
Este año, por primera vez, un país africano organizaba un mundial de futbol.
Poco sabía yo de Sudáfrica, lo que hizo que me motivara a investigar, conocer, descubrir y leer más acerca de este país ubicado en el mero fondo del continente africano.
Misterio, negritud, apartheid, costas, desiertos, Mandela, Nadine Gordimer, J. M. Coetzee, Charlize Theron, Desmond Tutú, diamantes, explotación, pobreza, humillaciones, sufrimiento, enfermedad. Todo eso había escuchado de Sudáfrica. He leído las novelas de sus dos premios Nobel, dos escritores críticos del apartheid.
El mundial con su mes de duración me hizo ir más allá. Me enteré como el deporte ha sido en Sudáfrica un factor de unión e identidad. Ahí está la experiencia del rugby contada en Invictus, película que recientemente vimos en el cine. Ahora le tocaba al futbol.
Leí sobre la figura acrecentada de Mandela, una de las personas más admiradas en el mundo. Me enteré sobre el barrio de Soweto, sus luchas tribales, la corrupción imperante, sobre la lucha contra el Sida, sobre el futuro de este gran país africano.
Acicateada por mi nieto viajamos a través de un álbum que el niño iba llenando de barajitas con los jugadores de cada selección, la bandera, la capital y mapa del país, las ciudades sedes y los estadios participantes.
Fuimos y regresamos varias veces de Sudáfrica navegando en el Google Earth de la computadora; encontramos en el mapa las ciudades sede: Johannesburgo, Durban, Puerto Elizabeth, Ciudad del Cabo, Pretoria ciudad capital, Polokwane donde México jugó uno de sus partidos, entre otras sedes. Nombres que no había escuchado antes: Rustenburgo, Nelspruit, Polokwane, eran ahora parte del vocabulario. Nos admiramos de sus estadios, de la belleza del de Durban, el Nelson Mandela a orillas del lago North End, el imponente Green Point en Ciudad del Cabo y el majestuoso Soccer City.
Seguimos casi todos los partidos, pero además de emocionarnos con los goles, junto a mi nieto íbamos localizando cada país en el atlas. Aprendimos algo sobre su historia, sus ciudades principales, hasta de comida conocimos. Descubrir los colores de sus uniformes, inspirados en los colores de sus banderas, escuchar sus himnos al inicio de cada partido y ver el orgullo y la emoción con que cada jugador lo entonaba, fue haciendo que el torneo se hiciera cada día más atractivo, independientemente de los resultados obtenidos.
Una vez eliminado México no teníamos más interés que seguir aprendiendo un poco más sobre los equipos. Especulábamos quien podría ser el campeón, mientras veíamos a equipos de gran tradición que fueron siendo eliminados: Italia y Francia ni siquiera avanzaron a la segunda ronda, resultó que a los mexicanos nos había ido mejor. Argentina, que nos había eliminado no pudo con la fortaleza alemana; Brasil se despidió y Ghana el último país africano que seguía con vida, también se iba a casa, mientras mi nieto lloraba amargamente la derrota del último país africano que quedaba con vida.
Fue una oportunidad para convivir y aprender. Los niños con su curiosidad innata no necesitan de mucho para sumergirse en el conocimiento. El deporte también puede servir para eso, para unir y aprender, para viajar, aunque sea en un mapa, para soñar.
Una vez más nuestro nivel deportivo no fue novedad. Lo que sí, fue constatar la poca calidad de nuestras compañías televisoras, que en lugar de aprovechar para motivar a los televidentes, a niños y jóvenes a buscar en el deporte un medio de crecimiento y aprender sobre los países participantes intentan emborracharlos con pseudo cómicos mal hablados, insulsos, vacíos de contenido. Piensan que atraen a la audiencia presentando conductoras mujeres que van vestidas como si en una playa estuvieran, sin tener la capacitación suficiente en manejo del idioma y ni siquiera un poco de mundo.
El mes fue transcurriendo mientras entre juego y juego vimos incrédulos las escenas de devastación y destrozos que causó el huracán "Alex" a su paso por el norte de nuestro país. Pérdidas millonarias en infraestructura urbana y de comunicaciones, miles de personas que se quedaron sin sus casas y pertenencias tanto en nuestro estado, como en Nuevo León y Tamaulipas, mostraron la furia con que la naturaleza había llegado. El trabajo y la recuperación se ve difícil y cuesta arriba, sin embargo ojalá nos unamos con las autoridades y se dejen atrás diferencias y disputas porque ahora lo que se necesita es apoyar a nuestras comunidades y a la gente que sufrió el embate de "Alex".
El partido final llegó. Había gran expectación entre dos escuadras europeas. Finalmente España resultó campeón del mundo. Algo están haciendo bien los españoles en la promoción del deporte, porque en los últimos meses han ganado campeonatos en tenis, ciclismo, automovilismo y remataron con el futbol. Su equipo fue una muestra de profesionalismo y humildad. Dos características que tanto necesitamos en México.
La próxima cita es en Brasil dentro de cuatro años. Esperamos que nuestros jugadores y directivos del futbol se pongan cuanto antes a trabajar. Atrás quedó el waka waka, ahora bailaremos samba.
garzaral@prodigy.net.mx