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Fumar es un placer

GILBERTO SERNA

En lo que podemos estar de acuerdo es en que el negocio del tabaco es lícito. Lo que lo vuelve truculento es que no sólo es un producto del que una vez que se convierte en una adicción tienes que tomar medidas, si quieres abandonarlo, que requieren de un esfuerzo más que sobrehumano. Los que fumamos empezamos a edad temprana en plena adolescencia. Quizá por imitación, créamelo usted o por motivos que van desde jugar con algo que está prohibido o porque es una edad de la chocantería en que estábamos dispuestos a demostrar que éramos tan machos como los artistas que veíamos hacerlo desde la oscuridad de nuestra butaca de una sala cinematográfica. No sé si será cierto, pero se dice que el tabaquismo es la causa de más del 90 por ciento de los casos de bronquitis diagnosticada en nuestro país, el 95 por ciento de los casos de enfisema pulmonar, el 100 por ciento en cáncer de pulmón, el 30 por ciento de todas las cardiopatías coronarias y un factor causal de cáncer de esófago, vejiga urinaria, cavidad bucal y laringe. Sigamos fumando que como dice el tango: fumar es un placer.

Lo que está en duda es si las autoridades resistirán las estrategias que la industria tabacalera en México ha venido implementando durante los últimos años, para interferir en la política asumida por las autoridades para controlar los graves perjuicios que causa en la población el uso del tabaco. Va de todo, desde la gestión abierta con los grupos de poder para convencerlos de que la industria tabacalera es benéfica para el país, al tiempo que ofrecen apoyos económicos para diversas actividades que realiza el Gobierno. En esto se han vuelto importantes los cabildeos de gente cercana a los líderes camarales que han visto entorpecida su labor a partir de que el poder político se desperdigó en este país obligándolos a negociar con distintos grupos parlamentarios.

El olfato de la industria tabacalera sabe que un sistema político débil o una economía inestable o una no consolidada transición democrática, o las tres a la vez, hacen accesible su fortalecimiento, sin embargo los legisladores logran enviar un mensaje de que las autoridades están dispuestas a no negociar la salud pública siguiendo una política de control de las compañías que comercian con el tabaco. Los aumentos de impuestos que están a discusión actualmente, son la demostración más clara de que las cosas parece cambiarán en un futuro cercano. Los dueños de la industria tabacalera no están dispuestos a rendirse, harán lo que sea con tal de conseguir sus propósitos de continuar con un negocio que les reditúa ganancias nada despreciables: en 2008 los productores declararon ingresos por un monto de más de 63 mil millones de dólares, los cuales disminuyeron en 2009 a 62 mil millones de dólares. En fin, a partir de 2011 habrá, si hay Jalisco no te rajes como jarrito de Tlaquepaque, una mayor carga tributaria a los cigarros cuya cajetilla costará siete pesos adicionales, lo que puede disuadir a una gran parte de los que fuman una o dos cajetillas diarias.

Durante mi ya larga estancia en este mundo he visto lo que el fumar puede producir en el ser humano. Los signos evidentes son la tos, que en ocasiones es tal la fuerza que ponemos en la expectoración que parece que en cualquier momento estamos a punto de arrojar los pulmones por la boca. Las flemas casi nos ahogan. Las personas a nuestro alrededor hacen un gesto de desagrado. Una cajetilla diaria durante años es la responsable. Eso si bien nos va. He visto cómo amigos llevan un pequeño tanque de oxígeno, caminando por la calle, pero a pesar de lo cual no abandonan el maldito vicio. Se solazan aspirando el humo del cigarro aun en la cama de un hospital. En fin, la necesidad de nicotina es tal que estoy considerando que quienes fallecen a consecuencia de un enfisema pulmonar, su peor castigo no son las llamas del averno, sino el que no puedan fumar en el más allá. El cigarro mata a 165 personas por día. Una persona que fuma aspira 250 sustancias tóxicas. La Secretaría de Salud emplea más de 45 mil millones para salvar 60 mil vidas de cáncer, diabetes, hipertensión y daño cardiaco.

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