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'Hay que cerrar la puerta al crimen'

Sergio Fajardo se ha vuelto famoso por su uso del 'poder suave' contra el crimen urbano.

Sergio Fajardo se ha vuelto famoso por su uso del 'poder suave' contra el crimen urbano.

JAVIER GARZA RAMOS

Sergio Fajardo se ha vuelto famoso por su uso del "poder suave" contra el crimen urbano.

Pero este matemático y periodista vuelto político rechaza que se le describa así y afirma que el modelo que aplicó para bajar la incidencia delictiva en Medellín, Colombia, durante los años que fue alcalde, fue una estrategia integral que combinó el uso de herramientas educativas y culturales, el poder suave, con la aplicación de la ley, el poder duro.

Lo principal, dice en entrevista con El Siglo de Torreón, es fomentar la participación de los ciudadanos y la confianza de éstos en el gobierno.

"No por poner un centro cultural ya hubo un cambio. El problema es cómo participa la ciudadanía para llegar a ese centro cultural, cómo la ciudad se mueve alrededor, cómo la gente siente orgullo", asegura. "El uso de la educación y la cultura es una parte, pero siempre con el rigor de la ley".

De visita en Torreón invitado por el Ayuntamiento para dictar un par de conferencias, Fajardo dice que la circunstancia de crimen que le tocó en Medellín al asumir el gobierno, en 2004, es diferente a la que se vive en México. Pero sentencia que la clave está en que los gobernantes sepan leer el momento y actuar en consecuencia.

Admite, por ejemplo, que su llegada al poder, se dio en medio de una desmovilización de grupos de narcotraficantes y los grupos paramilitares que se formaron para combatirlos, elevando la violencia en Colombia.

"Eso nos obligó a recibir una gran cantidad de gente desmovilizada que teníamos que regresar a la sociedad. Uno como líder tiene que entender lo que está en juego y entender la circunstancia", relata.

En México, la situación es diferente, pues los delincuentes no están en proceso de regresar a la sociedad. Fajardo describe esta diferencia como un juego de puertas.

"Uno tiene que entender cómo están las puertas. En Medellín la puerta de salida del crimen se estaba abriendo. Aquí la puerta está cerrada y uno tiene que ver cómo le hace para que los criminales salgan del crimen e ir cerrando las puertas para que no entren otros, y la forma de hacerlo es abrir alternativas.

"Adentro está la impunidad, la corrupción, el narcotráfico. Afuera hay que construir un proyecto de vida para la población que tenga sentido".

 TRES PUNTOS

Como si dictara una cátedra, con el alcalde Eduardo Olmos como testigo, Fajardo enumera tres puntos básicos de su plan. No se refiere a cosas concretas, a qué construir o qué políticas lanzar, sino a conceptos.

"Uno, la transparencia en la gestión pública. Es fundamental, con o sin violencia. Es una forma de relacionarse con la ciudadanía. Pase lo que pase, es condición necesaria para poder gobernar.

"Dos, tener conciencia de lo que significa la construcción de una sociedad justa en medio de una sociedad desigual. Eso es entender que la educación, la tecnología, la innovación, el emprendimiento y la cultura son fundamentales para construir una sociedad justa. Eso lo íbamos a hacer nosotros, con muertos o no.

"Tres, entender la participación ciudadana como componente central en la construcción de la sociedad. En cada política que hacíamos, convocábamos a la sociedad o a sectores de ella para trabajar juntos y darles el poder de entender, era obligación de nosotros explicar lo que hacemos y darle a la ciudadanía esa confianza".

Ya después de haber reunido estos requisitos, dice Fajardo, se busca entender el fenómeno de la violencia.

"¿Por qué entra alguien a la delincuencia?", se pregunta. "La respuesta habitual es la falta de oportunidades, pero a medida que en el tiempo pasa y persiste la violencia, aparecen rasgos culturales asociados con la violencia y es una cultura que la incorpora como parte de la forma de vida. Es parte del problema del narcotráfico, que es la destrucción de cimientos sociales que da oportunidades a la gente y va perdurando y convirtiéndose en una cultura.

"Pero uno tiene que ser capaz de segmentar. No todos son iguales. No todos son como 'La Barbie' y por eso hacen falta políticos que entiendan lo que significa estar en el crimen y cuáles son las diferencias".

Señala que el problema de la violencia de hoy es distinta a la de hace una década, ahora está más localizada en barrios humildes y caracterizada, como sucede en México, por el "microtráfico" de drogas, el narcomenudeo. "Ya no es nada más la droga que se va para Estados Unidos, también es la que se queda adentro".

 DECISIONES DEL CENTRO

Fajardo coincidió en su gestión con la presidencia de Álvaro Uribe, quien dejó el poder hace unas semanas tras ocho años. Ambos son de Medellín, ambos fueron educados en la misma escuela de monjes benedictinos.

Uribe fue alcalde de la ciudad 20 años antes que Fajardo. Pero la aproximación de ambos al problema de la violencia, dice Fajardo, es muy diferente, pues Uribe usaba "otro lenguaje", más duro y enfocado en la guerrilla.

Fajardo atribuye parte de su éxito a su naturaleza de candidato independiente, sin ataduras a los partidos tradicionales. La prensa colombiana lo calificó como "una opción descontaminada" en la política y ganó la elección en 2003 con la mayor votación de un candidato en la historia de Medellín, la ciudad donde nació en 1954. Al dejar la alcaldía, su aprobación era del 80 por ciento.

Inició su gestión con iniciativas agresivas en educación, cultura y recuperación de espacios públicos, acompañadas de una cultura ciudadana enfocada en la convivencia pacífica. Lo califica un proceso de "pedagogía permanente" en una ciudad que una década antes de su llegada al poder era sinónimo de narcotráfico, bombazos y ejecuciones.

Pero si bien al principio su modelo se benefició de la decisión tomada en Bogotá para desmovilizar a narcotraficantes y paramilitares, al final fue víctima de otras decisiones tomadas en la misma capital que aumentaron la violencia urbana.

"El gobierno nacional rompió el proceso (de desmovilización) que había hecho en 2002 y 2003, lo rompe con la extradición de 14 jefes criminales, y no tuvo cuidado para saber qué estaba pasando con los que había desmovilizado.

"Algo que debemos tener claro es que el narco tiene las cabezas y tiene la base, pero entre ellos están los mandos medios que van reemplazando a las cabezas que salen. Todos reemplazaron a un cabecilla que estaba antes y eso no se hizo de manera cuidadosa porque fue precipitado. Había cabezas que habían negociado, al quitarlas entraron otros y la violencia se dispersó".

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