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Llueve sobre mojado

A la ciudadanía

MANUEL VALENCIA CASTRO

Los efectos del huracán Alex en el Norte del Estado de Coahuila y en la zona metropolitana de Monterrey han sido devastadores. En las regiones Carbonífera, Centro y Norte de Coahuila suman ya más de 80 mil damnificados, alrededor de 14 municipios han sido afectados y peor aún la incomunicación por tierra debido a las crecientes de ríos y arroyos que han dañado las principales vías de comunicación, entorpecen por un lado el traslado de las personas afectadas a los albergues y por el otro, el envío de los artículos de primera necesidad que tanta falta están haciendo.

La amenaza de nuevos huracanes y tormentas en esta época, como está ocurriendo con la tormenta tropical Bony que está ocasionando lluvias en el sur de los Estados Unidos y en gran parte del Norte de México, debe ser considerada en una seria reflexión que pudiera conducir a planes de corto, mediano y largo plazo, cuya finalidad principal sea el desarrollo de fortalezas para enfrentar los meteoros que continuarán presentándose.

Una fortaleza intrínseca que hasta ahora se ha mostrado y que seguramente en forma sostenida seguirá mostrándose es la solidaridad de la población, que ante la adversidad y el dolor de los hermanos en desgracia, se engrandece y se vuelca materialmente con ayudas a los centros de acopio. Quizás en este momento, por la premura, debiera pensarse y llevarse a la práctica una primera fortaleza: incrementar los fondos de contingencia. La solidaridad de la población debe encontrar su recíproco en la acción gubernamental, ambos podrían desarrollar una sinergia que resultaría en una ayuda suficiente y expedita a los municipios afectados. No se vale iniciar en estos momentos una discusión política o mejor dicho entre políticos, que por lo general son vanas y siempre unilaterales, sobre si hay o no hay recursos para las contingencias.

Como decía don José Saramago, en su excelentísimo Ensayo sobre la Lucidez, en asuntos relacionados con la meteorología se debe ser positivo, y aunque él se refería a su influencia en el funcionamiento de los mecanismos electorales, en nuestro caso, aunque nos duela, tendremos que aplicar este dicho al desarrollo de condiciones que prevengan las catástrofes o por lo menos reduzcan los impactos que siempre se asocian a los fenómenos meteorológicos de media o gran intensidad. Además, es menester comentar lo que en esta columna se ha dicho varias veces, el aumento en la temperatura media mundial ocasionará que dichos fenómenos sean más frecuentes y más intensos y como desgraciadamente lo estamos viviendo serán mayores los daños y las pérdidas humanas.

Los administradores dicen con acierto que las debilidades deben verse o convertirse en áreas de oportunidad para desarrollar fortalezas. La vulnerabilidad mostrada plantea entre otras debilidades, la insuficiencia de la infraestructura hidráulica tanto urbana como rural para manejar los volúmenes de agua que las tormentas huracanadas dejaron a su paso. Mejorar la suficiencia de dicha infraestructura requiere simple y llanamente de un fortalecimiento de la capacidad técnica y financiera de las instituciones encargadas de su manejo. Esto tendría que considerar desde luego programas de manejo tendientes a proteger las cuencas hidrológicas, cuyo sano funcionamiento reduciría notablemente los escurrimientos y favorecería la infiltración.

Esto requiere de una forma diferente de hacer las cosas, una forma que esté en el camino de la naturaleza que no sólo mejore la calidad y cantidad del agua, sino también reduzca la magnitud de las escorrentías que provocan desbordamientos e inundaciones.

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