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Lo estratégico y lo prioritario en cuestiones de desarrollo

JULIO FAESLER

La recesión mundial tiene visos de continuar por más tiempo del que hace poco se calculaba. Son más cautelosos los índices. Las severas caídas en consumo y producción que fueron provocadas por el desplome de las estructuras financiero-hipotecarias norteamericanas que se reprodujo en todo el mundo, obligaron a lanzar programas de rescate, unos para estimular, otros con remedios para disciplinar las economías dañadas.

En los países más industrializados se debaten propuestas de estímulo financiero y fiscal para reactivar la economía o por el contrario, o medicinas anclados en la ortodoxia de equilibrios presupuestales sin hacer caso a las protestas populares contra de las severas medidas restrictivas de índole presupuestal como se están implementando en países como Grecia, Portugal, Irlanda y España.

Independientemente de que la reactivación que ahora se requiere se realice vía consumo o producción, el hecho es que un Gobierno responsable de la salud económica de su país no puede abandonar a las fuerzas ciegas del mercado a las unidades de producción agrícolas o industriales que cumplen con la indispensable función de crear empleo y poder de compra necesario para mantener dinámico el tono de la economía.

Cualquier país en las circunstancias actuales requiere de estímulos para salir de la crisis. México ha echado andar programas de reactivación a través de obra pública y asistencia social al lado de apoyos para la pequeña y mediana industria.

Hay que dejar claro, empero, que todo Gobierno debe crear medidas y fondos para apoyar actividades productivas, no sólo en momentos de reactivación para combatir la crisis, sino para siempre contar con un arsenal de acciones que respalde lo que se considere estratégico o prioritario para el país.

En primer lugar, hay que asegurar reservas alimentarias que lo aíslen de las fluctuaciones especulativas en el abasto y los precios internacionales.

Hay que cuidar y explotar racionalmente los recursos naturales nacionales especialmente los energéticos y las materias primas industriales para evitar dependencias indeseables del mercado internacional. Hay que destinar los fondos necesarios para ello. El tema es de particular actualidad vista la creciente avidez de estos productos de las pujantes economías asiáticas.

Definir prioridades económicas de producción, es el segundo aspecto de las políticas públicas necesarias. Partiendo de ellas pueden apoyarse las actividades para las cuales el país es particularmente competitivo.

Las decisiones a nivel empresarial no bastan. Hay que tener una visión nacional integral que identifique actividades para los que el país está especialmente dotado. En México, por ejemplo, son claras las ventajas en lo agropecuario y los cultivos acuáticos. Las zonas áridas deben desarrollarse para la producción de materiales para la construcción y biocombustibles. La comprobada capacidad industrial mexicana está en la pericia y positiva disposición de nuestra mano de obra tan buena o superior a la de muchos otros países. Prueba de ello es su reconocida contribución de nuestros emigrados a la economía norteamericana.

Sigue faltando una inteligente política agrícola e industrial que combine los intereses estratégicos del país con el listado de actividades cuyo desarrollo se considere prioritario para aprovechar a cabalidad los recursos humanos y materiales con que contamos que nos hacen competitivos internacionalmente y nos aseguren nuestra efectiva independencia económica y por ende, política.

Todavía es tiempo de corregir. No por encontrarse muy avanzado el sexenio, debe la administración actual continuar aplicando los principios de sujeción a las leyes de oferta y demanda que heredó desde hace varias décadas de los regímenes priistas.

Debido a esta falta de orientación a la inversión el desarrollo de la producción nativa fue desatendido agravado con la apertura comercio exterior desconsiderada fueron quedando sin adecuada atención las cadenas agroindustriales que todo país requiere para consolidar su economía. México hipertrofió así la actividad maquiladora de acuerdo a las decisiones de empresas extranjeras.

Hace muchos años quedó atrás la Ley de Industrias Nuevas y Necesarias que impulsó la creación de una buena parte de la planta industrial nacional. No fue sustituida con programas continuados de fomento que orientasen la inversión y la investigación tecnológica.

Hemos dejado en manos de intereses extranjeros con su propia visión de prioridades comerciales, las decisiones sobre qué rumbo debía tomar la industria nacional. El resultado está a la vista en el alto grado de importación que cubre nuestras necesidades de consumo e insumos industriales y agrícolas.

Urge apoyar las actividades estratégicas y prioritarias claramente definidas. Si los que vienen tomando las decisiones al más alto nivel requieren el aval de las instituciones internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, pueden hallarlo ahora en que son precisamente estas organizaciones mundiales las que comienzan a abandonar la rigidez de sus anteriores recetas ortodoxas de equilibrios presupuestales y de restricciones monetarias para reconocer que no sólo en las fases más comprometidas de una recesión, hay que aplicar estímulos a la economía y a las actividades que aseguran creación de empleo sino en las fases, también muy críticas, del arranque y desarrollo de la actividad económica en los países como el nuestro.

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