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NUESTRA SALUD MENTAL

EL ESTRÉS QUE VIVIMOS

DR. VÍCTOR ALBORES GARCÍA

La ansiedad podríamos decir, forma una parte intrínseca de nuestras vidas cotidianas en un mundo que se antoja cada día más vertiginoso y alocado, globalizado incluso como ahora hemos dado en llamarlo, que nos zarandea continuamente a un ritmo casi siempre inesperado e irregular, al cual nuestro organismo y nuestra mente no siempre logran acoplarse y encontrar un equilibrio. En nuestros días, no es nada fácil encontrar tal equilibrio, ya que siempre nos encontramos en constante movimiento, cambiando de una posición a otra, de un rol al siguiente y al otro, en los que nos vemos obligados a tomar una serie de funciones; algunas elegidas con gusto por nosotros mismos, pero las otras que suelen ser impuestas, no siempre agradables o satisfactorias, pero que forman parte de la realidad que enfrentamos y del ambiente en que vivimos. Sin embargo, tenemos que considerar que gracias a la existencia de ciertos niveles de ansiedad individuales para cada sujeto, podemos echar a andar nuestros motores y despegar día con día; podemos movernos, deambular, cumplir con nuestra funciones y nuestros roles, y en una palabra, estar vivos y mantenernos activos, en un proceso de desarrollo constante. Hay quienes han equiparado a la ansiedad como una especie de gasolina, (no dependiente de PEMEX afortunadamente) o de combustible que nos proporciona la energía que requerimos cada uno para alcanzar nuestras posiciones e impulsarnos en cualquiera de las limitadas o muy variadas direcciones que deseamos perseguir. Bajo ese concepto, podemos asumir entonces que en un momento dado, ya sea en mayor o menor proporción, todos necesitamos ese tipo de combustible para funcionar adecuadamente. Por lo mismo, también podemos suponer que cuando carecemos de los suficientes niveles de ansiedad, es muy posible que nos sea difícil despegar, elevarnos y llevar a cabo todo aquello que aspiramos lograr y obtener en el ambiente en el que vivimos, con el riesgo de mantenernos estancados y apáticos, pasivamente insatisfechos. Por otro lado, cuando nuestros niveles de ansiedad se llegan a elevar en forma desmesurada y excesiva, puede ser que nuestro ritmo se torne sumamente acelerado, al grado que impulsiva y desparpajadamente, e incluso sin siquiera organizarnos y planear, decidimos llevar a cabo demasiados proyectos y funciones, lo que viene a significar el extremo opuesto, el otro lado de la moneda, que a la larga también puede resultar perjudicial y hasta desastroso para la persona. Sin embargo, en muchos otros casos, los niveles muy elevados de ansiedad traen consigo un efecto totalmente opuesto a ese aceleramiento mencionado, y como resultado de tal saturación de la ansiedad, el individuo cae en una especie de parálisis emocional, un estado de bloqueo que limita en alto grado sus acciones y funciones, e incluso lo condena a una especie de encierro o destierro emocional, dentro del cual le es imposible desarrollarse adecuadamente al mantenerse prisionero de tales condiciones, a veces temporalmente y en otras ocasiones por períodos prolongados.

Así pues, podemos llegar entonces a la conclusión de que en nuestra existencia, para funcionar adecuadamente, requerimos de ciertos niveles de esa especie de combustible que representa la ansiedad. Sin embargo, también es válido reconocer que tales niveles necesarios para cada uno de nosotros, idealmente deberían variar en forma individual y específica, de acuerdo a las circunstancias que enfrentemos durante los diferentes momentos y etapas de nuestra vida. Por lo mismo, igualmente podemos concluir que como sucede en todas las experiencias, los extremos suelen ser perjudiciales, de manera que lo mismo podemos inmovilizarnos cuando no tenemos la suficiente cantidad de combustible, que en el caso contrario, cuando los niveles de ansiedad se han excedido y nos vemos inundados por ella, al grado de paralizarnos o de acelerarnos demasiado. Cuando tales situaciones acontecen repentinamente y en un grado excesivo o se prolongan por períodos de tiempo demasiado largos, debemos pensar que nuestro sistema defensivo emocional no está funcionando adecuadamente, y que podemos caer entonces en alguno de los diversos tipos de trastornos que llamamos trastornos de ansiedad (Continuará).

Asociación de Psiquiatría y Salud Mental de La Laguna A.C. (PSILAC)

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