En lo que constituye la máxima prebenda otorgada por México a los Estados Unidos, frustrada en el siglo XIX la posibilidad de una zona de libre tránsito y comercio en el Istmo de Tehuantepec, el Gobierno le está abriendo las puertas a una catarata sin precedente de productos Made in USA.
El colosal regalo, cuya magnitud reclamaría un millón de trineos de Santa Claus, se envuelve con la creación de un Consejo de Cooperación Regulatoria de Alto Nivel, al que concurrirían funcionarios de México y el país vecino.
La primera frase de la ruta, bautizada como Frontera Siglo XXI, le permitiría a las mercancías de allende el Bravo paso franco en el terreno de verificación y certificación de su calidad, allanándose nuestro país a la inspección realizada por el vecino.
¿O qué, desconfías de mis métodos? ¿Nou ser amigous?
Las aduanas nacionales se concretarían a sincronizar los semáforos con luz verde para evitarle la mínima molestia a nuestro "socio comercial".
Naturalmente, por más que la Secretaría de Economía venda el acto de entreguismo total con el uso y abuso de la palabra reciprocidad, lo que de allá para acá será cuchillo en mantequilla, de aquí para allá seguirá siendo cuello de botella.
Ahora que, aceptada la posibilidad por el Gobierno de México, concretamente la Secretaría de Economía, nadie ha reparado en un pequeño, pero incómodo detalle: el visto bueno del Senado. Ya ve usted lo molesto que resulta leer un librito que se llama Constitución, habiendo tantas enmiendas que aprenderse en inglés.
Ahora que si el Senado no cuenta, mucho menos los consumidores, que se verán en riesgo permanente de adquirir productos para los que no existan refacciones; de recibir mercancías de pésima calidad, a veces saldos, o de comprar artículos que no empatan con nuestro sistema de energía.
Lo importante es abrirle paso a la catarata.
De hecho, la posibilidad Made in USA parte de un programa diseñado por el presidente del país vecino, Barack Obama, bajo el nombre de Iniciativa Nacional de Exportación.
La idea es crear dos millones de empleos... en Estados Unidos, naturalmente.
La cruzada recibió el beneplácito del presidente Felipe Calderón en su reciente viaje a Washington. De hecho, existió el compromiso de apoyarla hasta sus últimas consecuencias.
Entre los puntos que abarca la ruta Frontera Siglo XXI está el traslado, o quizá sería mejor decir regreso, de filiales de empresas estadounidenses establecidas en México. La premisa es simple: con fronteras abiertas de par en par para qué rayos producir en el país del sur, exponiéndose de pasadita a la inseguridad; el dudoso estado de derecho; los altos costos de la electricidad, y en una de esas hasta las rígidas leyes laborales que subordinan la causa patronal a la de los trabajadores.
Por lo pronto, la Casa Blanca le está inyectando a su apuesta 10 mil millones de dólares, sea para garantizar préstamos para proyectos de exportación; para ofrecer agilidad a los trámites de verificación; para abaratar las materias primas, o de plano para subvencionar líneas "estratégicas". Todo, pues, para la gran ofensiva.
Naturalmente, del otro lado de la moneda México sólo ofrece la alfombra.
Ni un solo centavo para planear estrategias ajenas a la simulación; para diseñar rutas de mercado; para reforzar los esquemas de verificación; para mejorar la competitividad del país...
La paradoja del caso es que festinada a los cuatro vientos la Iniciativa Nacional de Exportación por la Secretaría de Economía, no haya saltado de su curul ningún senador de oposición para reclamar el desaire.
Más aún, tampoco, ocupados como están en aplaudirle al presidente Felipe Calderón sus "estrategias" frente la guerra que le declaró unilateralmente al crimen organizado, tampoco los organismos empresariales se han dado por aludidos.
¿Le entregamos de una vez las llaves a Estados Unidos?
Colocada en posición inmejorable para expandir su infraestructura, dada la multiplicación de su clientela, la empresa de mensajería Estafeta se ha topado con un formidable obstáculo: el Grupo Aeroportuario que controla el aeropuerto de San Luis Potosí, cuyo socio principal es el grupo ICA.
Hete aquí que la firma tiene su centro de operaciones aéreas en la terminal, integrando un conjunto para almacenar paquetes y una central de inteligencia para agilizar su distribución.
El caso es que requiere de la posibilidad de aviones más grandes a los actuales, lo que reclama extender la pista.
Y aunque OMA, la razón social con que opera el grupo de aeropuertos, no se opone a que se ensanche y amplíe la carretera aeronáutica, exige que los gastos corran por cuenta de su cliente.
Naturalmente, si algún día Estafeta tuviera otro punto más estratégico para operar, la inversión se quedaría para beneficio de OMA.
Lo cáido cáido, pues.
AHORA CHINA
Colocadas las cartas en la mesa para negociar un Acuerdo de Libre Comercio con Brasil, Corea del Sur y Perú, ahora resulta que México ya ubicó una nueva posibilidad: China.
Según ello, se trata de aprovechar el creciente mercado de la nación oriental, en un escenario en que algunos países latinoamericanos ya están ganando terreno tras firmar pactos similares.
Se habla concretamente de Chile, quien está enviando ya 13% de sus exportaciones al país de la muralla; Perú, que alcanza el 11 por ciento; Argentina el nueve, y Costa Rica y Brasil el siete.
México sólo le vende 0.7% de sus productos al país del extremo oriente.
MACROGENERADORA
Con una inversión total de 640 millones de dólares, la empresa española Abengoa, con financiamiento y asesoría de GE Energy Financial Services, filial de General Electric, está construyendo la que será la planta de cogeneración más grande de México, con una capacidad de 300 megavatios.
La planta, ubicada en el complejo de gas de Nuevo Pemex, propiedad de Pemex Gas y Petroquímica Básica, abastecerá al 100% de energía a ésta, además de cubrir el 55% de su demanda de vapor.
La operación comercial del proyecto se iniciará en el año 2012.
CALLADITA SE VE...
La razón por lo que la subsecretaria de Industria y Comercio de la Secretaría de Economía, Lorenza Martínez, ha eludido en los últimos meses cualquier confrontación con los empresarios, algunos de los cuales se habían vuelto sus "clientes", es que se considera amarrada para una subgubernatura en el Banco de México.
Estamos hablando, concretamente, de la vacante que dejaría al cumplir su periodo de ocho años José Sidahui. El relevo sería en diciembre del presente año.
Lorena Martínez es amiga cercana del gobernador del Banco de México, Agustín Carstens Carstens.