La cadena de alquiler de videos Blockbuster solicitó el jueves la protección del gobierno estadounidense por bancarrota ante las dificultades por las que atraviesa, pero anunció que mantendrá sus sucursales abiertas en tanto sanea sus finanzas.
La medida, que se anticipaba desde hace tiempo y fue concertada con los tenedores de bonos, pone fin a una era en la que Blockbuster impuso su dominio en el sector de la renta de películas de estreno reciente.
Blockbuster ha perdido terreno en el mercado ante competidores como Netflix —que combina una suscripción de videos por correo con películas en internet_, descargas en la web, los servicios de demanda instantánea en la televisión paga y las máquinas expendedoras como Redbox.
En una presentación el jueves ante la Corte Federal de Quiebras del Distrito Sur de Nueva York, la compañía dijo que acordó con los tenedores de bonos un plan de recapitalización y que transformará su modelo de negocios.
Blockbuster intentará reducir su deuda de casi 1,000 millones de dólares a unos 100 millones o menos mediante el canje de deuda por acciones de la empresa reorganizada con los bonistas, que poseen casi el 80,1% de los documentos preferenciales de la firma.
Blockbuster logró con los tenedores de títulos preferenciales un compromiso de financiamiento por 125 millones de dólares para cubrir reembolsos a clientes así como pagos a abastecedores y empleados durante la reorganización.
"Tras un análisis cuidadoso y profundo, decidimos que el proceso anunciado hoy es la vía óptima para recapitalizar nuestro balance general y posicionar a Blockbuster hacia el futuro mientras continuamos la transformación de nuestro sistema de negocios a fin de satisfacer los cambios en las preferencias de nuestros clientes", dijo el director general Jim Keyes.
Blockbuster, fundada en 1985 por un empresario de software de Dallas, llegó a ser una empresa líder en el entretenimiento familiar.
La empresa contribuyó a la popularización de los aparatos reproductores de video y despegó en 1987, cuando el fundador de Waste Management, Wayne Huizenga, asumió el control y emprendió una expansión agresiva que incluyó la compra de competidores.
La compañía, que había advertido a los inversores que podría declararse en bancarrota, dejó de cotizar a principios de julio en la Bolsa de Valores de Nueva York.