CC Sabathia necesita trabajar más seguido y no tener muchos días sin lanzar. Cuando trabaja con tres días de descanso por necesidad del equipo está como navaja, pero ahora con ocho días sin acción tuvo el viernes su peor salida de la temporada, sobre todo muy descontrolado, y con ello llegan los batazos enemigos a la hora buena.
Como salieron las cosas con el rally milagroso de Yanquis en la octava, en que con cinco carreras ganaron el juego aparentemente perdido por 6-5, la situación quedó perfecta para que Sabathia vaya en el cuarto juego contra Rangers, ya que solamente trabajó cuatro entradas. Sin embargo, si el brazo de oro ya está cansado eso sería un gran problema para Yanquis.
A veces suceden las cosas con tanta rapidez que el manager no tiene tiempo para la estrategia apropiada y el partido me recordó aquel cuarto juego de la Serie Mundial de 1941 que Yanquis perdía 4-3 con Dodgers en Brooklyn cuando al catcher Mickey Owen se le escapó el tercer strike, que era el último out. Estaba lanzando el gran relevista Hugh Casey y en un dos por tres los Yanquis de Joe DiMaggio habían hecho cuatro carreras para ganar 7-4 el juego perdido.
Cuando pasó la polvareda y los relevistas mantuvieron la ventaja, el manager quedó como el principal culpable por haber perdido un juego que se ganaba 5-0 al comenzar la séptima entrada. Indudablemente Ron Washington no utilizó con acierto a sus relevistas y el zurdo Darren Oliver lleva ya días de trabajos malos con dos bases en dos bateadores para poner la mesa puesta al Yanquis en el posible retorno.
Después de todo era la octava entrada y ya van varias veces que Mariano Rivera y otros cerradores entran un inning antes cuando la situación está que arde.
Es increíble que con tanta rapidez se pueda terminar con una gran ventaja y por eso el beisbol es un deporte único. Al no intervenir para nada el cruel reloj de Cantoral, todo puede pasar.
Los juegos tres, cuatro y cinco se van a celebrar en el Yankee Stadium de Nueva York desde el martes.