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Tres caminos o ¿un cuarto?

JULIO FAESLER

 L As etapas que van ensartándose para formar la historia se suceden ahora con creciente celeridad. Dentro de nuestra misma generación, los cambios se han presentado con tanta rapidez que hasta hay dificultades de comunicación entre hijos y padres, ya no se diga con abuelos.

Está a la vista de todo el mundo la evolución acelerada de la mayoría de los países especialmente después de la II Guerra Mundial en términos de crecimiento y recomposición demográfica, adelantos tecnológicos y en ajustes socio políticos.

Las revelaciones del pensamiento más íntimo de Fidel Castro que nos ha compartido el periodista americano-judío Goldberg, son una muestra de tal progresión. Fidel Castro nos confía que el modelo socio económico y político que él invirtió su vida entera en montar en Cuba "ya no funciona ni siquiera para nosotros". No hay por qué insistir en exportarlo. Efectivamente, los tiempos ya son muy distintos a los de 1959.

Hay muchas voces en México que por razones bien diferentes dicen lo mismo respecto del sistema socio económico que desde hace tiempo seguimos. Tanto en Cuba como en México los sistemas parecen gastados. Han dado de sí. Se extiende una general frustración que alimenta inquietud y desorientación, una desordenada clase política no ha podido dar el paso hacia el futuro que se requiere.

Los viejos referentes que inspiraron cada uno de esos sistemas han desaparecido. El pesado aparato de la URSS se desplomó en 1989, incapaz, tras de innombrables sacrificios populares, de realizar la utopía del comunismo mundial que Marx soñó en su Manifiesto de 1848. La moderna Rusia se ha entregado al capitalismo que sólo premia al vencedor. En Estados Unidos la brecha entre ricos y pobres crece y se ahonda desmoronando el "sueño americano" que durante años fue el paradigma que atrajo los ojos del mundo. Hoy el desempleo, el déficit en las arcas públicas y la rampante corrupción son ahí las marcas del momento.

El fenómeno del desencanto que existe en Cuba, México y Estados Unidos también encuentra vehemente expresión en otros países que se consideraban más allá de inquietudes existenciales. Las transformaciones que los líderes intentan en Francia, Gran Bretaña, España, confirman que ya no se tiene confianza en las antiguas aspiraciones que impulsaban energías sociales. La violencia callejera, por cualquier razón que se invente como válida, cunde y desatando una automática represión estatal.

Por doquier se discuten nuevas vías de posible solución pero generalmente solo se trata de rejuvenecer el modelo imperante. Hay, empero, los nuevos referentes que se dan en los exitos que han logrado la India, China o países emergentes como Brasil y Vietnam. Son ejemplos reales que sustituyen los alardes el socialismo burocrático o del capitalismo desbordado. Por ahora desconocemos el rumbo que tomen las evoluciones de esos países al abrir brechas en la presente coyuntura.

En Cuba al irse desmontando el sistema de apoyos que sus habitantes gozan para cubrir sus necesidades básicas, el proceso podría abrir paso al modelo capitalista ferozmente liberal que China y Rusia abrazaron. Hay claro peligro en que la vecindad de Cuba con Estados Unidos, inunda a la isla de turismo y maquiladoras, absorbiéndola tan totalmente como sucedió con Puerto Rico dañando alma , cultura y aspiración propia.

La crisis de Estados Unidos pide iniciar la transformación reinventando grandes metas nacionales capaces de amalgamar la cohesión social que se ha escindido en clases económicas y etnias. Sin ella ese país, todavía el más poderoso del mundo, no podrá enfrentar sus acuciantes problemas internos como la drogadicción y la inmigración, ni sus vastas responsabilidades externas.

Por nuestra parte, podríamos pretender sortear el crucial momento que México vive obstinándonos en el actual comercialismo empresarial que hace varios años importamos y que reduce todos los valores y actividades de la vida social a precios y competitividad. Como el socialismo cubano, empero, este camino no nos sirve si no nos está dividiendo.

En México podemos, si queremos y a base de visión y esfuerzo individual, perfilar un camino de equilibrio entre las libertades personales y sociales por una parte, y una inteligente rectoría del Estado que oriente todas nuestras actividades sin sofocarlas. Esa es la etapa histórica que estamos llamados a realizar para salvarnos.

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