¿Albercas contagiosas?
Cuando el termómetro empieza a elevarse surgen las ganas de darse un buen chapuzón en la piscina más cercana. Pero antes de ponerse el traje de baño es importante tomar ciertas precauciones, para que la visita a la alberca no se convierta en un riesgo para su salud.
La primavera está en todo su apogeo y con ello las temperaturas aumentan. Para sobrellevar el intenso calor, nada es más refrescante que sumergirse en una alberca.
Son bien conocidos los consejos generales para evitar que el paseo recreativo no tenga consecuencias para la salud, como no asolearnos mucho, no correr alrededor de la piscina para evitar resbalones o no desplazarnos a las partes más profundas a menos que seamos excelentes nadadores.
Pero hay otros factores a evaluar. Hoy en día las medidas sanitarias de las albercas suelen ser muy efectivas y por tanto se les considera seguras en términos generales, a diferencia de lo que sucede con piletas, estanques o acequias, que carecen de filtros y no reciben una cloración adecuada del líquido. No obstante, ni siquiera las piscinas privadas o de los mejores clubes están 100 por ciento libres de riesgos. El Médico Internista Carlos Robles explica que el sistema de defensas del ser humano es bastante noble y en la actualidad cada vez es más difícil contraer alguna infección en una alberca, “pero sí es posible. No es lo habitual, sin embargo hay probabilidades de ello”, apunta.
¿AL AGUA MALES?
El problema que más se ‘pesca’ en las piscinas son los hongos en la piel, debido a la presencia de bacilos denominados pseudomonas. Los hongos pueden afectar distintas partes del cuerpo al contagiarse por contacto directo con áreas previamente tocadas por alguien infectado, por ejemplo el piso, de ahí que usualmente se adquieren en los pies.
Otra enfermedad posible de hallar en este ambiente es la hepatitis, pues incontables individuos -sobre todo niños- se orinan e incluso defecan en la alberca, propiciando así que ésta se llene de bacterias y algunos virus, transformándola en un importante foco de infección para los bañistas cuando, sin quererlo, tragan agua.
Asimismo, la afición por la natación puede ser la causante de otitis externa u ‘oído de nadador’, condición presentada en quienes acuden con regularidad a las piscinas. Dicho malestar se acompaña de un dolor muy agudo y su origen se relaciona con hongos y microorganismos proliferantes por la humedad en el conducto auditivo; la gente que utiliza tapones en los oídos no está exenta de padecerlo.
Finalmente, el hecho de abrir los ojos bajo el agua durante periodos prolongados expone a los usuarios a ser presas de una conjuntivitis química, la cual se manifiesta con irritación, ardor, enrojecimiento e hinchazón en los globos oculares.
Peligros junto a la alberca
Cuando la gente acude a nadar puede volver a casa con ciertas afecciones que no se relacionan directamente con el agua, pero que al igual opacan la diversión al día siguiente. Una de ellas es la insolación y las quemaduras graves en la dermis, por ello es indispensable utilizar siempre bloqueador solar, aun si se tiene contemplado zambullirse sólo unos minutos. Entre más clara sea la tez, se requiere de un mayor nivel de protección solar y la exposición a la luz debe ser menor, porque la piel blanca tiene un riesgo más alto de sufrir quemaduras e incluso cáncer.
Por otra parte, aquellas personas que acostumbran llevar consigo alimentos para ingerir un bocadillo entre cada chapuzón, no toman en cuenta que las altas temperaturas favorecen la rápida descomposición de la comida y pueden sufrir indigestión. A la vez, es muy frecuente en los paseantes dar por hecho que al estar en el agua no necesitan lavarse las manos antes de comer, lo cual por supuesto es un error capaz de acarrear una infección.
EL CLORO NO ES INFALIBLE
Por lo general las albercas se clasifican en deportivas o recreativas. En las primeras suele ser obligatorio para los usuarios utilizar sandalias, lentes (goggles) y gorra para el cabello. Este último detalle en particular favorece que no se tapen los filtros y los sistemas de purificación funcionen a la perfección. Sin embargo en las piscinas recreativas las medidas no son tan estrictas y por eso es más fácil adquirir en ellas algún padecimiento como los ya mencionados.
Habitualmente damos por hecho que las albercas públicas y privadas son desinfectadas con cloro y que eso basta para que podamos nadar de forma segura. El Internista Robles comenta: “en efecto este químico es poderoso para eliminar gérmenes pero ciertas bacterias sobreviven al cloro; afortunadamente no es lo común. Aun así, es importante tomar en cuenta otras variantes como la cantidad agregada, además del mantenimiento, limpieza y cambio de filtros de las instalaciones”, advierte.
SENTIDO COMÚN
Para cuidar su salud es básico no perder de vista algunas recomendaciones, las cuales son básicas pero a menudo pasan desapercibidas:
-Lleve siempre sus propias sandalias.
-No comparta su toalla.
-Séquese cuidadosamente hasta retirar todo rastro de humedad de su cuerpo.
-Utilice goggles.
-No pase mucho tiempo bajo el sol.
-Si nada a diario, colóquese tapones auditivos y séquelos perfectamente luego de cada uso.
No está de más recordar lo fundamental de evitar tomar agua de la alberca. Igualmente, es esencial respetar la salud de los demás y por ninguna circunstancia ingresar a la piscina cuando se padezca una enfermedad infecciosa.
Los padres de familia necesitan estar al pendiente de que sus hijos vayan al baño con regularidad para que no orinen ni defequen en el agua, enseñándoles desde pequeños lo fundamental de ser higiénicos en este aspecto.
El Doctor Robles estima más probable una lesión porque alguien se resbale al pisar un charco cercano a la alberca, a contraer dentro de ella alguno de los padecimientos señalados. Aun así, es elemental conocer los posibles riesgos, para así tomar las debidas precauciones y disfrutar al máximo las visitas a la piscina, evitando cualquier situación desagradable.
Correo-e: fperez@elsiglodetorreon.com.mx
Fuente: Médico Internista Carlos Robles.