Cambio. La nueva presidenta brasileña, Dilma Rousseff, recibe la banda presidencial de manos de su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, quien cerró así dos mandatos de cuatro años, en el Palacio de Planalto.
Dilma Rousseff, una economista que militó en un movimiento guerrillero en su juventud, fue investida ayer como la primera mujer presidenta de Brasil, con el compromiso de erradicar la miseria extrema durante su mandato.
La nueva gobernante, de 63 años, juró respetar la Constitución, observar las leyes y promover el bienestar de la población antes de ser proclamada como la sucesora del mandatario saliente Luiz Inácio Lula da Silva.
En su primera declaración tras ser investida, Rousseff citó como principal compromiso de su gobierno mejorar las condiciones de vida de los sectores más pobres, al tiempo que anunció una política externa que enfatizará las relaciones con los países latinoamericanos como socios del progreso económico y social de Brasil.
Su mensaje trazó un plan de Gobierno de continuidad de los logros de Lula con la concreción de tareas que el ahora ex presidente dejó pendientes, como las reformas política y tributaria.
"Hoy será la primera vez que la banda presidencial se colocará en el hombro de una mujer", dijo en su discurso ante gobernantes extranjeros, legisladores, ministros, y miembros del Poder Judicial.
Rousseff se atragantó por la emoción en un momento de su discurso cuando manifestó que "a partir de este momento seré la presidenta de todos los brasileños".
Recordó su pasado guerrillero en los años 70s, cuando combatió a la dictadura militar (1964-1985), al decir que "entregué mi juventud al sueño de un Brasil mejor. No tengo ningún arrepentimiento, no tengo tampoco rencor".
La transmisión de mando comenzó bajo un intenso aguacero cuando Rousseff recorrió la céntrica Explanada de los Ministerios hacia la sede del Congreso en un Rolls Royce de 1953 de la presidencia brasileña, mientras decenas de miles de simpatizantes se apostaron a la orilla del camino a saludarla con banderas de Brasil y del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).
Tras su juramento presidencial, Rousseff trazó las grandes líneas de lo que será su gobierno, en el que el combate a la miseria, la mejora de la educación, salud y la seguridad emergieron como prioridad.
"Mi compromiso supremo es honrar a las mujeres, proteger a los más frágiles, y gobernar para todos", declaró la gobernante, ex ministra del gobierno de Lula durante más de siete años.
Insistió en que su gobierno mantendrá la estabilidad económica sin inflación, al tiempo que defendió la promoción de las exportaciones y el combate del proteccionismo de los países ricos.
Rousseff dedicó gran parte de su discurso a homenajear a Lula, el gobernante más popular de la historia reciente de Brasil y quien la escogió como candidata del izquierdista PT para las elecciones de octubre.
"Vengo para consolidar la obra transformadora del presidente Lula, un presidente que cambió la forma de gobernar y llevó al pueblo brasileño a confiar en sí mismo y en su futuro", destacó.
Analistas coinciden en que la experiencia de Rousseff como ministra de Lula le dieron un conocimiento a fondo de la máquina pública y señala un camino de continuidad de la administración saliente.
"La presidenta Dilma debe continuar las grandes directrices políticas de la administración Lula", opinó Michael Shifter, presidente de la organización Diálogo Interamericano, de Washington. "Es poco probable que haya grandes cambios en política económica, social o externa, aunque Dilma ciertamente tendrá un estilo que refleje su experiencia en economía y energía".
Por su parte, el presidente chileno Sebastián Piñera dijo estar seguro que Rousseff mantendrá el enfoque latinoamericanista que tuvo Lula durante su gobierno.
Se despiden de Lula
El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva vivió una emocional despedida, cuando millares de personas, muchas con lágrimas en los ojos, corearon su nombre al verlo abandonar la sede del Gobierno.
El líder, quien concluyó su mandato con excepcionales índices de popularidad, rompió el protocolo al bajar la rampa del Palacio de Planalto y, esquivando la seguridad, se acercó a la multitud que gritaba "Lula, Lula". Acompañado de su esposa Marisa Leticia, Lula estrechó manos, repartió besos y abrazos a un público que deliraba con la presencia del primer obrero en presidir al país más grande de América Latina, horas después de que entregó el mando a Dilma Rousseff, la primera mujer presidenta del país.
En medio de la multitud, un joven se manifestó con un cartel en forma de una mano a la que le falta el dedo meñique, un homenaje a Lula, que perdió el dedo en un accidente laboral. El cartel decía "Gracias Lula".