La fiebre del Súper Tazón llegó a un hospital de Pittsburgh, donde cobijan a los recién nacidos con las distintivas 'Toallas terribles'. (AP)
La peor crisis personal que afectó al quarterback Ben Roethlisberger la pasada primavera, debido a sus acciones de conducta, no sólo repercutió anímicamente, sino también en el plano profesional.
Fue suspendido los primeros cuatro partidos de la temporada regular y no pudo ayudar a su equipo, los Acereros de Pittsburgh.
El comisionado de la NFL, Roger Goodell, lo sancionó porque fue acusado en marzo de agresión sexual a una estudiante universitaria de 20 años, pero un fiscal en Georgia no quiso presentar cargos.
Sin embargo, superó las dificultades y un Big Ben renovado y bromista volvió a los entrenamientos de cara al partido más importante del año para demostrar que está feliz como persona y en plenitud como jugador.
Cuando se le preguntó su opinión sobre el linebacker Clay Matthews, de los Empacadores de Green Bay, seleccionado para el Pro Bowl, Roethlisberger recalcó lo obvio.
“Tiene el pelo largo, el número 52 y juega para los Packers”, respondió. “Es un animal. Es realmente, realmente bueno”, afirmó. “Tenemos que tomarlo en cuenta y saber qué planea. No hay mucho más que decir sobre uno de los mejores jugadores de la NFL”.
Roethlisberger y los Acereros ya se preparan para enfrentar a los Empacadores en el Super Bowl XLV y con la esperanza de poder obtener su tercer título de campeón en los últimos seis años.