“Es un efecto inevitable que a los burócratas les importará más la rutina que los resultados.”
Walter Bagehot
Nuevo León es un estado de gente trabajadora y autosuficiente. No son los nuevoleoneses personas que dependan de la generosidad o de los empleos burocráticos del gobierno. Esto lo sabemos en parte por observación, pero también por el porcentaje de la población registrado en el ISSSTE.
En Nuevo León solamente el 3.6 por ciento de la población es derechohabiente del ISSSTE, la institución de seguridad social de los trabajadores gubernamentales. La cifra de Nuevo León es significativamente inferior a la del país en su conjunto, que es de 6.4 por ciento. No hay siquiera comparación con la segunda entidad con mayor porcentaje de derechohabientes del ISSSTE, el Distrito Federal, donde el 12.4 por ciento de la población está en la institución de los burócratas.
Las cifras del censo del 2010, publicadas por el Inegi en Panorama Sociodemográfico de México, nos muestran una pésima distribución de los empleos gubernamentales en el país. Una entidad como Durango tiene a 10.2 por ciento de su población como derechohabiente del ISSSTE.
Chiapas, donde uno podría pensar tiene más sentido contar con empleos gubernamentales, la cifra es de solo 4.7 por ciento.
Si el Distrito Federal es apenas la segunda entidad por porcentaje de afiliados al ISSSTE, usted se preguntará cuál es el número uno. Esta distinción la tiene Baja California Sur, donde el 13.5 por ciento de la población está afiliado al ISSSTE. Después del Distrito Federal se encuentra Nayarit, con el 10.3 por ciento, y en cuarto puesto está Durango.
En sentido inverso, Jalisco es la entidad con un menor porcentaje de la población afiliada al ISSSTE: 2.8 por ciento. Nuevo León ocupa el segundo puesto y es, en contraste, la que tiene el mayor porcentaje de población registrado en el IMSS: 56.6 por ciento. Sorprendentemente, Veracruz ocupa el tercer lugar entre las entidades con menor afiliación al ISSSTE, 4.1 por ciento, seguido de Querétaro, con 4.2 por ciento, lo cual suena lógico si se considera el empuje de la inversión privada en esa entidad.
Pero sorprende que Chiapas tenga 4.7 por ciento de población afiliada al ISSSTE, apenas un poco más que Querétaro.
Las cifras de afiliación al ISSSTE son sólo una indicación de lo mal repartidos que están los recursos en la federación mexicana. Entidades como Baja California y Nuevo León han sabido desde hace mucho tiempo que la federación les regresa muchos menos recursos de los que ellas aportan a la nación. Esto mismo ocurre, y quizá en un grado mucho mayor, con Campeche, en cuyas aguas se produce la mayor parte del petróleo crudo de nuestro país, el cual se utiliza para subsidiar la ineficiencia de los gobiernos del país.
Hoy sabemos que incluso en el reparto de empleos hay estados de primera y otros de segunda. Lo peor de todo es que no hay razones para pensar que el reparto de empleos gubernamentales sea una forma de generar una mayor equidad en un país desigual.
Así, Baja California Sur y el Distrito Federal son los mayores beneficiarios del reparto de plazas gubernamentales, mientras que entidades pobres como Chiapas y Veracruz se encuentran entre los mayores perdedores en este rubro.
No me sorprende que Nuevo León y Jalisco se encuentren entre las entidades más prósperas de México. Son estados en que la gente trabaja y trabaja bien. Pero hoy sabemos también que han podido construir la prosperidad sin tener que depender de los empleos gubernamentales en los que no se aplican los mismos criterios de productividad de la iniciativa privada.
OPACIDAD
La falta de un padrón de docentes hace imposible conocer si se están concursando ya todas las plazas disponibles en la educación pública del país. Esto lo señaló ayer David Calderón, de la organización Mexicanos Primero, en una entrevista con W Radio. Lo mismo, sin embargo, podríamos decir de todas las contrataciones de los distintos órdenes de gobierno en el país.
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