El aniversario número 89 de este nuestro periódico diario "El Siglo de Torreón", me ha hecho recordar muchas cosas en torno a él.
Cualquiera diría que 89 años en la vida de un rotativo son pocos años.
Pero no lo son si se toma en cuenta que es ya, lamentablemente, el único periódico lagunero que nos queda y que durante todo ese tiempo se ha mantenido fiel a sus raíces.
Tampoco son pocos años si advertimos que el hacer un periódico todos los días, es una tarea de titanes. Es como la Penélope de la historia que tejía de día y destejía de noche.
Por que la vida de un ejemplar periodístico es muy corta, si acaso unas cuantas horas del día, pues para el mediodía, los acontecimientos ya dejaron atrás lo que en la mañana fue noticia. Por eso se afirma y no sin razón, que no hay noticia más vieja que la del día de hoy.
Más con los avances tecnológicos que estamos viviendo, que se entera uno al minuto de lo que está pasando en Libia.
Toda la vida de un periódico es fascinante. Desde cómo se imprime, qué noticia va en primera plana; hasta cómo debe distribuirse para que llegue temprano a las manos de sus lectores.
Un verdadero periódico huele a tinta. De ahí que procure no leerlo en la Internet.
Alguna vez, llegué a visitar las instalaciones de un periódico en Saltillo, cuya prensa editorial estaba en Monterrey. Esto es, lo editaban en Monterrey y lo distribuían en Saltillo. Y cuando llegué a esas instalaciones tuve la impresión y así lo dije, de que entraba a una sucursal bancaria. El director en jefe me cuestionó el que dijera eso, a lo que yo respondí: "Es que cuando entro a un periódico, huele a tinta y aquí no huele a eso".
Ver cómo funciona una rotativa es algo verdaderamente sorprendente. Debe tenerse cuidado de que el papel esté bien tensado, porque si se rompe, hay que parar la rotativa; vigilar que los colores sean los correctos, antes de imprimirle velocidad a la máquina para que haga su trabajo y tire en un momento miles de ejemplares.
La mesa de redacción es un espacio altamente formativo; ahí es donde se aprende el periodismo. Y no lo digo yo, lo dijo García Márquez: "El periodismo se aprende en la mesa de redacción, en el café de enfrente y en las cantinas del barrio en que se encuentra el periódico".
Yo tuve la fortuna de vivir desde muy temprana edad esa experiencia y siempre me resultó muy enriquecedora.
Y a propósito de estas cosas, me permitiré contar aquí, brevemente, cómo llegué a escribir para este periódico que está cumpliendo sus primeros 89 años:
Como en las viejas series de Eliot Ness, diré que corría el año de 1989, cuando platicaba con mi buen amigo Antonio Irazoqui y de primera intención me dijo: "Por qué no escribe para nosotros".
Yo había publicado para "La Opinión" durante muchos años, pero cuando me fui en mi primera aventura a Saltillo, ante la imposibilidad de hacer llegar a tiempo las colaboraciones, pues no existía el fax, no se diga la Internet, de mutuo acuerdo, decidimos suspenderlas mientras estuviera en aquella ciudad.
A mi regreso, las circunstancias habían cambiado en ese periódico y nadie me pidió que volviera a escribir ahí. Así que la invitación de don Antonio era más que tentadora, pero había un inconveniente: yo trabajaba para el Municipio de Torreón y no era prudente que escribiera en el periódico.
Por mero ejercicio y para ir calentando el brazo, don Antonio me propuso que escribiera algunas colaboraciones con seudónimo, cosa que yo nunca había hecho, porque en esos casos es el periódico quien asume la responsabilidad de lo que se publique y no quien firma la colaboración.
La verdad, me divertí mucho en aquellos meses en que colaboré así, porque podía libremente escuchar comentarios sobre mis artículos como si se tratara de terceras personas. Además, da una libertad al escribir que rara vez se tiene. Pero en contrapartida, no puede uno defender sus ideas libremente frente a otros, porque parecería una defensa oficiosa o corre el riesgo de evidenciarse.
Libre de ataduras, en la primera semana del 90, puse sobre el escritorio de don Antonio unas cuantas colaboraciones anticipadas en señal de compromiso formal.
De entonces a esta fecha (21 años) he estado colaborando cada sábado y ejercitándome en esta noble tarea que es la profesión más hermosa del mundo.
Felicidades a todos los que hacen posible este milagro diario que es el periódico, por su aniversario; y gracias mil por permitirme cada sábado esta ventana con un grupo maravilloso de lectores.
Por lo demás: "Hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te guarde en la Palma de Su mano".