De acuerdo con el INEGI, la esperanza de vida de los mexicanos pasó de 25 a 75 años en el lapso de 1900 al año 2010. Las mujeres viven 77.4 años en promedio y los hombres 72.4, cinco años menos que las mujeres.
Este aumento en la esperanza de vida se ha comportado de la siguiente forma: en 1930 los mexicanos vivían 33.9 años, para 1980, 66.2 años y en 1990, 69.7 años. Baja California y Distrito Federal registran las mayores esperanzas de vida y, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, las menores.
En el 2010, se registraron 614 mil 410 defunciones, de los decesos, 74.5% ocurrió en localidades urbanas y el resto en zonas rurales. Oaxaca es el único estado donde el total de fallecimientos en áreas rurales supera el registrado en sus zonas urbanas.
En general fallecen más hombres que mujeres; la tasa de sobre mortalidad masculina es de 125.4 defunciones de hombres por cada 100 de mujeres. Cabe señalar que 58 de cada 100 decesos fueron de personas mayores de 60 años.
De los varones mayores de 60 años, 22.2 por ciento fallecieron por enfermedades del corazón, 14.5 por ciento por tumores malignos y 12 por ciento por diabetes mellitus.
De las mujeres mayores de 60 años, 24 por ciento fallecen por enfermedades del corazón, 16 por ciento por diabetes mellitus, 12 por ciento por tumores malignos y nueve por ciento por enfermedades cerebro vasculares.
Hasta aquí los datos duros del Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI), estos datos duros no incluyen, por falta de medios confiables para medir, ni la actitud ni la disposición ni la manera de asimilar la experiencia que dan los años vividos.
Si observamos con cuidado, podemos detectar la aparición de una franja social que antes existía, pero no en la cantidad ni en la actitud que hoy muestra. La gente que hoy tiene alrededor de sesenta años, forma parte de una generación que ha provocado que la vejez ya no se asocie más a la palabra sexagenario.
Los sexagenarios de hoy pertenecen a una franja muy similar a la que la "adolescencia" formó en los 50→ s para incluir en ella a los niños y niñas que ya habían dejado de serlo y que se desbordaban en cuerpos creciditos y caras llenas de barros que no sabían ni qué les gustaba ni qué querían.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta, tiene el común denominador de haber vivido una vida satisfactoria.
Mujeres y hombres independientes, que trabajaron duro y lo continúan haciéndolo, sólo que hoy a los sesenta, duermen menos y viven más, han cambiado el concepto del trabajo y de la vida y disfrutan todo lo que a diario se les presenta y no piensan siquiera en retirarse porque se sienten plenos y más creativos que nunca. Muchos de estos sesentones, después de vivir momentos de auge, han encontrado finalmente las actividades que más les gustan de la vida. Para ellos, la jubilación no entra en sus planes.
En esta nueva franja social de personas saludables, curiosas y activas de sesenta años, la mujer tiene un papel muy sobresaliente. Con su equipaje de seis décadas de experiencia de ser ellas mismas, de hacer su propia voluntad, a diferencia de sus madres y abuelas que sólo podían obedecer, han ocupado lugares que las mujeres de antes ni siquiera habrían soñado.
Habiendo vivido los inicios del movimiento feminista, algunas de ellas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que entonces eran sólo para usufructo de los hombres, otras eligieron tener hijos y dedicarse al hogar, otras fueron periodistas, atletas, ultra atletas, pilotos o astronautas, muchas más, armadas, mas con un gran valor que con preparación para ello, crearon su propio negocio. A final de cuentas, cada una de ellas fue ella misma, aprendieron a tomar decisiones e hicieron su voluntad.
No fue, ni es, para ellas y ellos, sesentones del siglo XXI, un asunto fácil, aún continúan diseñando su vida, enfrentando situaciones complicadas y muestran alta capacidad de adaptación al cambio.
El tiempo no los ha detenido, se han preocupado y ocupado en ponerse al día en la tecnología, los retos no los asustan.
Manejan la compu como si hubieran aprendido desde niños, a pesar de que en su época, odiaban las tarjetas perforadas y la programación cobol de las computadoras de entonces. Se mantienen en contacto con los hijos que están lejos, disfrutan al máximo a los nietos, escriben e-mails y forman parte también de las redes sociales en Internet.
Los sesentones de hoy comparten la devoción por la juventud y no se sienten extraños cuando interactúan con ella.
A diferencia de los sexagenarios de antes, no se sienten en retirada ni les pesan los años. Hoy compiten de otra forma y continúan cultivando su propio espíritu y crecen constantemente.
Los años vividos, y vividos bien, les han hecho aprender a no envidiar nada, no tienen la apariencia física de los astros del deporte ni la necesitan y las sesentonas, aunque se ocupan en cultivar su físico, no les es indispensable tener la figura sinuosa de una vedette porque han aprendido que eso es secundario.
Sin embargo, su experiencia les ha hecho saber la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa que, iluminada, muestra la experiencia adquirida con el paso del tiempo.
Cada día en México, 860 personas cumplen sesenta años, de ellos, proporcionalmente en la Comarca Lagunera 9.6 personas estrenan esa edad (163 personas en lo que va del 2011) para entrar en la franja social, sin nombre aún, de una vida que continúa en plena actividad. Terminan la sexta década física y mentalmente plenos; no olvidan la juventud, pero no se estacionaron en ella, han tomado lo bueno que la vida les ha dado para aplicarlo en los años por venir. Celebran cada día adicional que viven y dan gracias por haber amanecido para vivir el que sigue.
A veces hablan muy quedo consigo mismos y sonríen al hacerlo, por alguna razón secreta que sólo sabemos los que hemos tenido la fortuna de llegar a cumplir los sesenta años en este siglo XXI.
Salud!!!
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