Ya no es posible decir, como aquí se decía antes, "en este pueblo nunca pasa nada" Aquí sí vemos que pasan cosas, y aunque no todas sucedan en el estrecho ámbito de nuestra localidad, son motivo para estimular los rumores pueblerinos. Consecuencia de la modernidad, nuestras patrias chicas semejan grandes universos; y todo es a causa de la televisión que nos acerca espectacularmente a lo importante en cualquier país, así sea el más alejado de la Tierra.
El lunes pasado vimos desde nuestras casas varios sucesos notorios y publicables, dignos de difusión y comentarios; acaecidos como la realización de la vindicta pública que los mandatarios vecinos del Norte habían jurado y propalado contra Osama Bin Laden, el jefe de la mafia terrorista Al Qaeda que fueron autores intelectuales y de facto de los ataques aéreos del 11 de septiembre del año 2001.
Recordemos que ese día varios fanáticos asiáticos preparados y programados atacaron traicioneramente a los Estados Unidos con una triple embestida aérea y suicida, que la televisión mundial filmó y transmitió puntualmente: el ataque había destruido las torres gemelas de Nueva York, íconos del capitalismo norteamericano. Luego vimos por la misma televisión la tercera agresión aérea de ese día, que afectó instalaciones administrativas del Pentágono.
A cuatro meses de cumplir el décimo aniversario de dichos ataques terroristas, el mismo presentador de noticias del mexicano canal 2 de televisión ordenó exhibir el rollo fílmico de los mortíferos hechos. Y diez años después igual informó López Dóriga ante sus veedores y oidores las incidencias de la jurada acción punitiva de Estados Unidos, cuyos mandatarios no pudieron ocultar su satisfacción; igual fue el resultado de la observación hecha por el presidente de USA Barack Obama y sus principales colaboradores en materia de seguridad.
En fin, como una noticia así no llega sola, y menos cuando coincide con el ceremonial católico que elevó al difunto Papa Juan Pablo II a la eminente categoría de "beato" esto significó para la televisión otra oportunidad de mejorar su rating y para la jerarquía eclesiástica devino un nuevo vivir, morir y revivir en la antesala de la santidad.
En el mismo día los consabidos medios electrónicos mostraban el espectáculo de los esponsales del príncipe inglés Guillermo de Gales, de la dinastía Windsor, que fue nacido en el matrimonio del príncipe Carlos y de su esposa la afamada Diana Frances Spencer, princesa de Gales. Más jóvenes y atractivos, Guillermo y Kate Middleton fueron bien recibidos por la comunidad inglesa, aunque nadie supo, o ha sabido, si tuvieron, y una feliz luna de miel y en dónde.
La dinastía Windsor constituye el "top", la cima cúspide de la clase social europea, y sin embargo sabe compartir con su pueblo las preocupaciones y alegrías del sistema de monarquía constitucional. Jorge VI presidía en 1924 el primer gobierno laborista, aunque el apellido Windsor fue escogido por el secretario privado del Rey. Los parientes llevaban los apellidos alemanes Sajonia, Coburgo y Gotha; sin embargo dicho secretario aconsejó renunciar a tales apelativos para evidenciar sus sentimientos contra Alemania durante la primera guerra mundial.
EN 1936 el Rey Eduardo VIII renunció al trono para casarse con la estadounidense Wallis Simpson, bella y buena persona, pero mal comprendida por las peores lenguas inglesas, quienes la malquerían por ser "plebeya, divorciada y descocada"; Jorge VI, no obstante ser nervioso, tartamudo y aficionado al güisqi Jorge aceptó la corona, gobernó tres años y renunció para cederla a Isabel II, dama fría y calculadora que ganó prerrogativas incalculables para la monarquía, si bien no las ejerció durante su reinado.
Como verán los lectores, aquí no falta tema para el "güirigúiri".
La televisión y la nobleza inglesa nos nutrieron con comentarios que los simples ciudadanos ya habíamos escuchado en los mejores molinos de nixtamal.
Nos despedimos hasta la próxima Hora Cero en que glosaremos otras cosas de ver, oír y leer en nuestro discreto medio político y social.