Mientras Eruviel busca novia y Hugo Chávez lucha contra el cáncer, esta columnista se fue al concierto de Cristian Castro en el Auditorio Nacional. ¡Son los encantos de la vida simple! Mientras alrededor la cosa se pone tensa, tú sonríes y cantas. Nos tenían que haber visto entonar “amor, amor, que te pintas de cualquier color” a todo pulmón.
Debo confesar que lo que me movió hacia el concierto fue el interés y el morbo. Es que un día antes soñé que se moría un amigo y que en el show del “gallito feliz” encontraba galán. En ese orden.
Y allá voy, casi en canoa, porque fue el día del diluvio. Claro, es que estaba inspiradísima, porque la noche anterior, antes del sueño, vi una ma-ra-vi-lla de obra de teatro que se llama Casi un Pueblo, que me dejó atónita y me demostró que el amor existe y que “siempre hay un roto para un descosido”.
¿No la han visto? Pues yo tampoco lo había hecho, pero todo el mundo me decía: “tienes que ir, vas a llorar”. Entonces, con esa ilusión, recluté a mi amiga Araceli, quien también estaba hambrienta de catarsis, y allá vamos (es que era ir al teatro o a una funeraria pa’ llorar por el hombre perdido).
Oigan, qué gran obra, qué actorazos, qué belleza. Fue empezar la función y nosotras a soltar suspiros. ¡Éramos las cuarentonas suspirantes! Es que se trata de historias de amor cortitas que suceden en un lugar que no aparece en el mapa ni llega a ser pueblo porque le faltan habitantes. La producción es mágica, pero las actuaciones de Gaby de la Garza, Moisés Arizmendi, Bernardo Gamboa y Mónica Huarte son lo máximo (y hoy oficialmente me declaro fan de la Huarte: es genial). Hacen que sueñes, te identifiques, sufras, suspires, te enamores, llores, te rías, y te preguntes si existe alguien capaz de recorrer el mundo entero por estar cerca de ti.
Claro, esta columnista, que es cursi de clóset, ya se quería trepar al escenario para que todas esas historias le ocurrieran (ja, sí, soy intensa). El caso es que Casi un Pueblo se convirtió así en mi obra de teatro favorita, y quisiera verla mil veces.
Pero a lo que iba es que me quedé con mucho amor acumulado y ¡no sabía por donde iba a salir! Así que mi amiga oriunda de Hermosillo y yo decidimos sacarlo a manera de gritos en el concierto de Cristian, que fue estupendo.
Sepan que está cantando mejor que nunca y le quedan perfecto las canciones de José José. Además, no me acordaba de la lista tan larga de éxitos que ha tenido desde “Azul” y “No Podrás”, pasando por mi consentida “Es Mejor Así”, ya saben la de “ya no quiero de ti nada, no puedo creerte nada”.
El que estaba encantado era el papá del cantante, o sea, “El Loco” Valdés, porque en el show hubo de todo: canciones, hombres que tocaban la gaita, tamborileros, señoritas casi encueradas con unos cuerpazos, una bailarina igualita a Niurka, fotos de Rigo Tovar, etc. Una cosa multicultural.
Por cierto, habría que hacer una mención especial a showtime, la empresa que presentó a Cristian, que siempre se lucen en la atención al visitante (al público, pues) y son tan buenos promotores que el Auditorio estaba lleno.
Me acuerdo que alguien decía que “nunca sabes lo que traerá la lluvia”. Pues a mí la corriente me trajo a Paty Lu y César Nava, que me sonreía sin parar cuando coincidimos en un lugar para cenar. No sé si intentaba decir algo, le hacía gracia mi enamorado rostro o es de los que van por la vida risa y risa acordándose de cosas. Creo que eso.