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El fuego y la porcelana

Addenda

GERMÁN FROTO Y MADARIAGA

 T Odo comenzó con una grata invitación para acompañar a mi amiga Marianto y a su esposo Chuy, a Saltillo a una exposición de la obra de ésta en un recinto universitario de esa ciudad.

Y como favorablemente la fecha coincidía con cuestiones de trabajo, todo se conjuntó y para bien.

Siempre es grato poder acompañar a los amigos en los momentos felices de sus vidas y éste era uno de ellos. Además, como es obvio, no era el único invitado y otros amigos coincidirían en esa ciudad para el evento, amigos como Íñigo y Julio.

Situados allá, los festejos comenzaron en el restaurante "La Canasta", con una comida a la que invitó Juan José. Con la displicencia y generosidad que lo caracterizan, en la cual la plática versó sobre diversos temas, pero de manera especial la oportunidad que se nos brindaba de convivir fuera de Torreón, como diría Ortega y Gasset, "Sin prisa, pero sin pausa".

Temprano en la tarde-noche, llegamos al museo de la Universidad que dirige otra muy buena amiga: Mireya Ramos Arizpe, que con la eficacia y cordialidad que la caracterizan, tenía todo excelentemente dispuesto.

Sesenta obras en porcelana, debidas al arte de Marianto, esperaban ser admiradas en ese museo, para deleite de los asistentes.

Trabajar la porcelana no es una tarea artesanal, es un verdadero arte en el que se conjugan, como dijo el maestro Licerio, los cuatro elementos que componen la naturaleza: Aire, agua, tierra y fuego.

Merced a unas habilidosas manos, se van conjuntando en la porcelana, hermosas figuras y finas líneas que en oro puro dan nacimiento a bellas obras de arte.

El evento congregó a viejas y gratas amistades de aquella ciudad, como al pintor Marco Saucedo, Carmelita Woof; y a mi hermano y amigo Jesús Cedillo, mejor conocido como "el poeta" y al también periodista y estudiante de Derecho, Carlos Arredondo, quienes se deleitaron con las obras y estos últimos adquirieron una hermosa pieza decorada con mariposas, que parecía un homenaje a la obra de Gabriel García Márquez, por aquello de "las mariposas amarillas".

La relación entre la porcelana y el fuego es como la de los amantes. Porque el fuego va envolviendo a la porcelana y la seduce; la abraza con sus llamas y deja en ella su impronta indeleble. Pero requiere, además de arte, un pulso de cirujano para trazar en oro las figuras que se desea dejar plasmadas.

Todo mundo alababa la obra de la artista, pero algunos otros ensalzábamos también a "el muso", mi amigo Jesús, que con su presencia y paciencia apoya a Marianto y hace las veces de su mecenas, al proporcionarle los elementos para que desarrolle su arte.

Yo me sentía orgulloso del arte de mi amiga y de presumir de ella frente a muchos otros amigos; y al mismo tiempo, aunque conozco de atrás su trabajo y talento, no dejaba de maravillarme con su arte.

La noche se redondeó con la venta de algunas piezas de porcelana, cuyos frutos apoyarán la Casa del Artista de Torreón, lo que redundará en beneficios para el desarrollo de sus actividades.

Terminada la exposición que permanecerá, por cierto, un mes en el museo citado, nos fuimos a cenar a "Don Artemio", la catedral culinaria donde oficia el sabio Chef, Juan Ramón Cárdenas, quien nos recibió con la anfitrionía que lo caracteriza.

Ricas y exclusivas viandas adornaron la mesa y agradaron al paladar y deliciosos vinos las acompañaron, en un ambiente de camaradería y ricas anécdotas.

Juan José y "el poeta" se enfrascaron en una discusión sobre la Virgen María y sus representaciones y los comentarios de ambos me tenían gratamente sorprendido, pues ignoraba su devoción por la figura de la Madre de Jesús.

Ya para ese momento éramos casi veinte personas, por lo que las conversaciones cruzadas se tornaban por demás interesantes. Hablamos sobre anécdotas familiares, agradecimos a Chuy y a Marianto, su amistad e invitación; y no muy tarde terminamos esa grata velada, no sin dejar constancia de que "el poeta" le prometió a Juan José regalarle una Virgen de "bulto" que buen cuidado tendré de que se la haga llegar, pues a ello me comprometí.

El fuego y la porcelana son dos elementos que se funden majestuosamente en las manos de Marianto y producen prodigios que sólo viéndolos los puede uno creer.

Tener ese don es un regalo divino y para nosotros un verdadero privilegio, contar en nuestra ciudad con una artista de esa talla, que además, nos brinda, junto a Chuy, una amistad que apreciamos como uno de mis grandes tesoros.

Por lo demás: "Hasta que nos volvamos a encontrar, que Dos te guarde en la palma de Su mano".

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