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JESÚS CAMPOS VILLEGAS

Nos vamos familiarizando financiera y económicamente con los términos que utilizan los gobiernos, las instituciones mundiales, especialistas y economistas cuando se habla de la situación económica de los países o regiones según sea el caso. De tal forma que términos como PIB, desaceleración, tasa de desempleo, gasto del consumidor, etcétera, nos van resultando familiares hasta llegar el momento que se deja de percibir la diferencia del significado macro a la realidad cotidiana de la sociedad.

Lo anterior lo menciono a raíz de mi artículo de la semana anterior el cual se refería a Ben Bernanke, que habló de una nueva desaceleración en la economía de los Estados Unidos, el déficit de dicho país y el desempleo tan marcado en el mismo; de igual manera los diversos países europeos con peligro de suspender el pago de sus deudas por el alto déficit fiscal que actualmente tienen y con las medidas para apoyarlos que fija el Banco Central de la Zona Euro sin considerar las consecuencias sociales que producen.

Por ello no debe de extrañar las manifestaciones que están sucediendo principalmente en Grecia, en las que ha tenido que intervenir la fuerza pública, y en la misma España, de otra forma pero que muestra la reacción por la inconformidad social ante la crisis y las correcciones que en forma macro se realizan; sin olvidar desde luego lo que continúa sucediendo en el Oriente Medio.

Durante varias décadas en diferentes crisis se han tomado medidas que recomienda el FMI, como las que actualmente quiere implementar el Banco Central en Europa, para corregir las desviaciones financieras y propiciar el repunte económico, han demostrado que dichas estrategias no necesariamente son las adecuadas, ya que pasan muchos años para que surtan efecto si es que en verdad se alcanza el potencial de desarrollo esperado, pero en muchos lugares los fracasos retrasaron dicho desarrollo al perjudicar inmisericordemente el tejido social.

Es inevitable que medidas como las que hoy se están implementando tratando que el proceso de desarrollo y los cambios que urgentemente se requiere en forma rápida representan enormes esfuerzos para la sociedad, ya que se refleja en la pérdida del ingreso familiar, pérdida de empleo y desigualdades sociales que van trastocando las relaciones tradicionales de la sociedad y sus gobiernos por la inestabilidad social.

A ello me refiero cuando se quieren aplicar las estrategias mencionadas tanto por el FMI, Banco Mundial y el Banco Central en Europa y que ya muestran los primeros desórdenes por las condiciones en que se encuentra la ciudadanía; en forma diferente pero por razones parecidas independientemente de la tiranía de la mayoría de los gobernantes en el Oriente Medio, surgen disturbios sociales no sólo por la situación económica sino, además, por razones alimentarias, y es indudable que la estrecha visión económica de los países más poderosos propician acontecimientos mucho más perjudiciales para el objetivo de la prosperidad y llega un momento que imposibilita situar el problema en un contexto más amplio.

Ha quedado comprobado que el crecimiento por sí solo no siempre mejora el nivel de vida de la población de un país, ya que dicho crecimiento no beneficia automáticamente a los más pobres y sí en cambio va creando polos económicos que se reducen por las desigualdades salariales que no son compensadas cuando se aporta la energía y la capacidad personal de cada individuo; cuando se refleja el resultado de "políticas de ajuste" por lo general sumamente restrictivas, significa que no hay un desarrollo económico equitativo para la ciudad y se reflejan retrocesos en la generación de empleos y en educación y salud por mencionar algunos temas en las agendas de los países en los cuales se aplican estas medidas.

La cuestión tiene que ver con el bienestar social y la equidad en una forma predecible, ya que algunas de estas políticas promueven el crecimiento pero apenas se nota sus efectos sobre la generalidad de la ciudadanía, de alguna manera se fomenta el crecimiento macro pero de hecho aumenta la pobreza y en ocasiones hay políticas económicas en donde pierden todos, ya que expanden significativamente la desigualdad. Virtualmente todas las recesiones económicas terminan tarde o temprano pero no se reduce sólo a Wall Street, al final, a la gente nos preocupa el empleo y los salarios, no los rendimientos bursátiles o las tasas de interés, por lo tanto, gestionar una recuperación es sumamente difícil y la respuesta depende claramente de la causa del problema en cada lugar por lo que las recetas no deben de ser estándar.

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