Los ruedos de la Comarca Lagunera continúan testificando el paso de matadores triunfadores y futuros prospectos. En la corrida de toros celebrada el viernes próximo pasado en el Coliseo Centenario de Torreón, el torero triunfador resultó ser Federico Pizarro, quien luego de su actuación abandonó el recinto a hombros, con los tres apéndices en las manos apuntaba al cielo en claro signo de haber acariciado la gloria, trofeos bien logrados por la lidia y la ejecución certera del acero sobre el morrillo de los bravos enemigos de José Garfias.
Federico Pizarro, torero consumado y consentido en la región lagunera, que luego del triunfo dominical, alargó un poco su estancia con el fin de convivir y compartir su experiencia como matador de toros con los alumnos de la Academia Taurina del Coliseo Centenario. Destaca el hecho pues muy pocos son los espadas que con aprecio y cariño vuelven sus ojos a la escuela inferior para brindarles su experiencia y conocimiento. Otro quien recién lo hiciera previo a su compromiso fue Manolo Mejía.
En el caso de los alternantes de la tarde del 15 de mayo, de los cuales resalta la participación de Luis de María, sobre todo por haber estado artísticamente muy encima de su progenitor, al haber obtenido un apéndice en esta tarde de toros, mientras que Luis Ricardo Medina "Pasión Gitana" regresó a la Comarca con deseos de triunfo y tras la lidia sólo se conformó con las palmas.
Previo a la corrida, entrevistamos al novel espada Luis de María, ahí resaltamos el hecho de la fortuna con la que particularmente cuenta él al ser hijo de un torero. Personalmente destacó que además de contar con el apoyo moral de su padre, en el aspecto económico sin duda considera importante en su carrera desde novillero hasta la toma de su alternativa el no haber tenido que pedir oportunidades a nadie para torear una vaquilla o un toro en alguna ganadería, esto gracias a la conocida solvencia económica familiar.
Luis de María enfatizó que para ser un buen torero no es preciso andar la legua en busca de oportunidades, pues afortunadamente él no había pasado por eso; en su caso, el trago amargo fue que al andar mal en la escuela, por consecuencia el castigo impuesto por su padre fue iniciarlo en el mundo del toreo, hecho que finalmente abrazó con gratitud pues sin duda se embrujó del arte y misticismo que conlleva el practicar hasta llegar a convertirse en matador de toros como su padre.
El toreo tiene sus bemoles para quienes lo abrazan como profesión, sin embargo los tragos amargos se compensan con las artísticas tardes de triunfo. Mientras los menos nacen con el toque divino, otros cuentan con la fortuna de provenir de familias de abolengo, y las más muletillas, que recorren la legua con el mal de montera a cuestas, en busca de oportunidades.
La otra cara de la moneda por igual la hemos constatado con el sacrificio que ha representado para un novillero lagunero que por más de 10 años continúa andando la legua en busca de oportunidades, militando aún en la escuela inferior, no así quien por fortuna lo hiciera en tan sólo dos años de novillero, hasta convertirse en matador de toros. Teniendo como padrino a poderoso caballero.
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