El síndrome de la ‘des-responsabilidad’
La responsabilidad es, sin duda, un valor perdido.
Recuerdo que el primer valor básico que aprendí con mi maestra Genoveva- en el primer año de enseñanza básica- fue el de la responsabilidad… Ese hilo dúctil y resistente como el platino que de forma suave y permanente, metódica y artificiosamente se iba tejiendo hasta constituir una sólida red que apresaba y hacía fructificar todos nuestros actos cotidiananos.
Ésa…, la responsabilidad era un tejido de respuestas existenciales y comprometidas con nosotros mismos, con nuestro salón, con nuestra escuela, con el barrio y con nuestras familias.
En esa telaraña de acciones y reacciones forjamos nuestra voluntad y, por supuesto, algún ángulo de nuestro destino, siempre con la alegría y vitalidad propia de una niñez nacida en el fragor de las consecuencias de la pos-guerra mundial que también afectaron a México.
Tengo seis decenios que no me paro en un aula. Espero que hoy en día los eventos sigan ese tejido maestro aplicado con sabiduría, con blandura y maña…, como entonces, o mejor.
Estos recuerdos me vienen a la mente después de ver y oír en los medios de comunicación masiva y experimentar en carne propia, la cadena de actos irresponsables y la ruina que inunda nuestras ciudades, nuestras comunidades, nuestros barrios, nuestras instituciones, nuestras familias
¿Qué nos ha pasado?
De pronto, en dos decenios, nos hemos encontrado en un túnel oscuro y con pocas alternativas de salida.
Los laguneros de pronto nos descubrimos con una fractura total de nuestro estilo de vida, de nuestras costumbres, de nuestros valores, de nuestros principios que nos dieron identidad.
Hemos quebrantado nuestro estilo de vida tan pacíficamente provinciano…, tan lagunero- de sillas en la puerta para ver caer la tarde-, tan dulcificante, tan mexicano. Hemos perdido, ya no el estilo, mejor dicho…, hemos perdido la educación elemental, la seriedad, el respeto al otro, los valores elementales de convivencia humana, ciudadana.
La fuga ante las responsabilidades, el ruido, el bombardeo publicitario brutalmente mentiroso y manipulador, el rencor gratuito, la envidia, el odio, la amenaza, el dinero fácil, el mal de ojo, la falta de respeto a las formas elementales de convivencia, una igualdad mal entendida y muchos otros males…, son las directrices del comportamiento individual y colectivo, sin ningún interés por el bien colectivo y con un desconocimiento y desprecio por aquello que llamábamos ética civil o sanas costumbres de convivencia.
Recomponer el tejido de relaciones de responsabilidad, individuales y colectivas es, sin lugar a dudas, reconstituir el tejido social para lograr una armonía individual y colectiva, para lograr paz constructiva.
Hemos enterrado las normas de civismo más elementales, las reglas de la urbanidad más esenciales. Nos hemos convertido en tránsfugas de la responsabilidad, en fugitivos de los compromisos que tejen la armonía de nuestras vidas en la familia, en el trabajo, en el barrio y en la comunidad.
Con esto que ya es un síndrome, el síndrome de la “des-responsabilidad” hemos vaciado la cepa del alma de la armonía que da centro a nuestras vidas y a la relación con los demás. Hemos dañado el cimiento, el germen primario de la constructividad social.
Comarca Lagunera.
José García Sánchez,