Dólares benditos vs. dólares malditos
Son los mismos dólares, pues no. Por que mientras unos traen alegría otros compran miserias, dolor y muerte.
Qué tiempos aquéllos, que los “cueros de rana” que circulaban en México era el producto del trabajo honrado de muchos mexicanos que lejos de su patria entregaban la zalea en el surco o en las fábricas o en otros lugares, pero siempre con el sudor no únicamente de la frente sino de todo el espinazo.
Actualmente son muchos más los mexicanos que siguen este bendito afanar y ese dinerito viene a nuestros hogares y se transforma en despensa, útiles escolares y calzado para las familias, tal vez una casita y hasta un pequeño negocio familiar; qué hermoso trabajo, bien remunerado con esos billetes verdes que rezan en “Dios confiamos” y que todos sean uno. Y que rinden mucho en manos de las madrecitas mexicanas que con sus benditas acciones los multiplican y alcanzan para todo y todo bueno, y todo para bien, sin duda, una bendición divina.
Pero la dolorosa contraparte, aquellos dólares producto del crimen que se llenan de sangre desde los barrios estadounidenses que se maldicen al mancharse de sangre que brota del dolor y la muerte y que se acumulan y se desplazan en ríos de sangre, que cruzan nuestra nación y bañan de dolor a Colombia y Bolivia y regresa de nuevo, matando y ensangrentando en un ciclo diabólico.
Este dinero nutre las miserias humanas porque sirve para adquirir bienes insanos como son el mismo vicio, prostitución y bienes efímeros y enfermos, acompañados de amargura, dolor y muerte por su procedencia vil y luego al regresar a esa nación que no puede detener este amargo flujo que sangra su economía se resarce un poco al recuperar parte de estos dólares a cambio de armas y se cobija en la segunda enmienda de su Constitución, ante sus inútiles esfuerzos por evitar esta salida de divisas y ante la evidente amenaza de perder el control de sus habitantes que prefieren mantener sedados para facilitar su control.
Sin embargo “In God we trust”. “En Dios confiamos”, para bien de todas las naciones.
Que este proceso algún día cambie.
Este cínico, perverso y hasta maquiavélico círculo vicioso de miserias y dolor se transforme por dólares benditos “et pluribus unum” y que todos seamos una sola y humana sociedad. Por cierto, también nuestro humilde billete de cien pesos reza:
“Amo al cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces,
Amo el enervante perfume de las flores,
Pero amo más a mi hermano, el hombre”.
Netzahualcóyotl, el rey poeta rey de Texcoco que fue cristiano sin conocer a Cristo.
Arturo Pedro Salas Juárez.