Decálogo del joven mexicano
Espero que lo escrito a continuación, sirva para hacer conciencia en los jóvenes de hoy, de ayer y de siempre. Extraído de mi libro e Español.
PRIMERO. Anhelo de ser útil a mi Patria, a mi familia, a mi escuela y a mis semejantes, y propugnar el logro de la justicia social, la democracia y el cooperativismo.
SEGUNDO. Respetaré a mi Bandera, a mi Himno Nacional, a mi palabra y la Constitución, según la cual normaré mis deberes y derechos de mexicano.
TERCERO. Cumpliré con mis deberes filiales y fraternales, y procederé con buena voluntad hacia mis semejantes y sin discriminación alguna, siendo siempre generoso.
CUARTO. Seré persona de orden, moralidad y trabajo; fortaleceré mi carácter y huiré de la vagancia, el vicio y la trampa.
QUINTO. Procuraré dar buen trato a los niños, a las mujeres, a los ancianos, a los inválidos y a toda clase de seres débiles.
SEXTO. Seré amigo del árbol y evitaré el maltrato o destrucción de plantas, animales útiles al hombre, y cosas, a las que no rayaré ni pintarrajearé.
SÉPTIMO. Asearé bien mi cuerpo; practicaré deportes y tomaré alimentación sana y todo lo que convenga a al conservación de mi salud.
OCTAVO. Evitaré desperdicio de agua y procuraré la limpieza de los lugares donde me encuentre o por donde transite, y no arrojaré basura al suelo.
NOVENO. En momentos de peligro, provocaciones o agresiones, procuraré no perder la presencia de ánimo y, si es necesario, salvar o defender a personas, particularmente a las débiles.
DÉCIMO. Seré leal y honrado; sincero y responsable, activo y perseverante; estudioso y reflexivo; optimista y jovial; disciplinado y digno; valiente y cauto; servicial y agradecido; cuidadoso y ahorrativo; pulcro y puntual; modesto y caballeroso; honra de mi familia, de mi escuela y de mi Patria.
Señores padres y madres de familia, no es difícil inculcar esto a nuestros hijos, hagámoslo por el bien de nuestra sociedad, de nuestra patria y de nosotros mismos. ¡Ánimo!
Alfredo Sánchez O.
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Las riquezas del hombre
Un hombre descontento de su suerte exclamaba:
- ¡Los demás son ricos y yo no tengo nada! ¿Cómo puedo vivir así?
Un anciano oyó sus palabras y le dijo:
- ¿Eres tan pobre como crees? ¿No tienes juventud y salud?
- No digo que no, y puedo estar orgulloso de mi fuerza y de mi juventud.
El viejo tomó entonces la mano derecha de aquel hombre y le preguntó:
- ¿Te dejarías cortar esta mano por un millón de pesos?
- No, indudablemente que no.
- ¿Y la izquierda?
- Tampoco.
- ¿Consentirías en quedar ciego por diez millones de pesos?
- ¡Dios me libre de ello! No daría ni un ojo por todo el dinero del mundo.
- Ya ves - agregó el anciano-, ¡cuánta riqueza tienes y, sin embargo, te quejas!
No busques la felicidad muy lejos.... A menudo la hallarás en ti mismo y a tu alrededor. León Tolstoi
Torreón, Coahuila.
Ricardo García Padilla,