Un padre insuperable
El hombre caminaba escuchando indicaciones que le daban: Ahora por ahí. ¡No! Por aquí. ¡Por allá! Mejor por acá. ¡Quiero eso! No, mejor aquello. Se quería alcanzar todo objetivo sin esfuerzo y rápidamente, como si fuera todo fácil y gratis. Cuando los deseos no salían al gusto, el hombre tenía que soportar los reclamos y regaños: ¡Te dije! ¡No me gusta!, ¡Por tu culpa! Nunca me haces caso. No me comprendes. ¿A poco no ves por dónde caminas? Estás viejo, sordo y ciego, siempre te aferras a caminar por camino equivocado. - Sin dejar de caminar el hombre contestó: “En la vida, el camino siempre es y será el mismo; ni más grande ni más pequeño, la diferencia estará en la forma en que camines”-. ¡Pues, no sabes caminar!, siempre caminas chueco y por el camino equivocado. –No es cierto, lo que pasa es que de arriba el camino se ve diferente que de aquí abajo. Cuando camino chueco es por que llevo alguna piedra o espina en el zapato y, aunque me duela y tenga que ir cuesta arriba soportando tus reniegos tengo que seguir caminando sin quejarme y sin salirme del camino. “Quien reniega es porque quedó perdido en el camino o sin camino”-. ¡Eso fue en tus tiempos!, estamos viviendo tiempos modernos donde todo es fácil, rápido y a todo color. - “En la vida no hay tiempos antiguos ni modernos, ni caminos, rectos ni planos; todo camino está lleno de subidas y bajadas, lleno de hoyos y espinas, mira mis pies; siente mi corazón. Si el camino lo quieres ver de colores tendrás que iluminarlo con tu trabajo, si no tu camino será negro o gris”. Quien piense diferente es porque tiene la mente enferma. “El camino lo harás al andar no el camino te hará andar o correr y sin llevarte a ningún lado-.
“El objetivo de un caminante es caminar y caminar sin salirse del camino hasta llegar el final!, quien sale del camino es un andariego o vagabundo. ¡Puros pretextos para no hacerme caso!, nunca me escuchas, ignoras lo que digo. ¡Siempre quieres tener la razón! - Dime: ¿alguna vez has visto que me queje?- ¡No!, - ¿Me has visto cansado?- ¡No! - ¿Desanimado?- Tampoco. -¿Alguna vez he tropezado y caído?- Nunca. - ¿Te ha faltado ropa o que comer? No. -Entonces, voy por el camino correcto, no estoy viejo ni ciego: “Cuando se aprende a caminar no habrá caída aunque se camine en la oscuridad”-.
Sabes cuándo empezaré a envejecer? – ¡No!- Será cuando ya no pueda contigo y tenga que bajarte de mis hombros. Seré viejo cuando empieces a caminar a mi lado. Seré viejo inútil y frustrado cuando tenga que seguir tus pasos aunque vayas por camino chueco. “Seré anciano el día en que me lleves en tus espaldas”. Seré anciano estorboso cuando te tenga que mendigar ayuda; me uses como escudo o me hagas culpable de tus problemas. Moriré cuando me abandones en tu andar. ¡Ah!, pero viviré siempre en ti si continúas por mi camino y me llevas en tu corazón. ¿Me escuchas? ¡Hijo!, ¡hijo, despierta! Aunque el hijo finjía dormir para evadir el sermoneo, el padre lo bajó de sus hombros, lo miró de pies a cabeza y murmuró: como está grandote mi hijo, algún día comprenderás que es más difícil ser padre que ser hijo. O, ir abajo que ir arriba. Luego se lo arrimó a su pecho y lo besó en la mejilla, levantó la cara al cielo y exclamó: ¡Padre!, nunca te he olvidado, te llevo en mi corazón y sigo por tu camino, pronto llegaré a ti…Padre... no he podido superarte.
Torreón, Coahuila.
Eduardo González Caldera,