Frustración
Cada año, por estas fechas, los medios informativos se nutren de notas de carácter económico entre lo que el país necesita para hacerle frente al año que viene y lo que se proyecta gastar en él durante los doce meses siguientes apenas suenen las campanas al primer segundo de 2012. Iniciativas van y vienen y al final, después de un simulado, pero acalorado debate nuestros flamantes diputados terminan aprobando la ley de ingresos y la ley de egresos que impacta fuertemente en aumentos para los que sí pagamos impuestos y en beneficios más a los que no los pagan por la carencia de sus recursos o de plano su desfachatez para no hacerlo, pero que igual se sirven de ellos para sobrevivir.
Cuando esto pasa surgen estados de ánimo encontrados en donde unos a favor y otros en contra discutimos con lo poco que sabemos si esto es para bien o mal de México, pero como cada año nuestra opinión sale sobrando ya que las cámaras de diputados y senadores ni nos preguntan, ni nos ven, ni nos oyen.
Al final, como un cuento trillado, la historia se repite cada doce meses y los resultados que nos prometieron al inicio del año no se dan y la grandeza de la que nos han hablado desde la primaria termina no existiendo en el universo del mexicano como una acción totalitaria de progreso.
Hoy son muchos los países que enfrentan una crisis, pero en México se nos dice que no pasa nada, que el petróleo es nuestro y la gasolina sube cada mes, que el campo mexicano está en franco desarrollo y los alimentos son más caros cada día, que vivimos en la cuenca lechera más grande del país, pero la leche nos cuesta igual que en todos lados; en fin un ir y venir de declaraciones en donde no checa la teoría con la realidad.
Y cabe preguntarnos si somos parte del problema o parte de la solución. Si somos lo primero, entonces gastamos más de lo que tenemos y pedimos más de lo que podemos pagar y ahí están para muestra las carteras vencidas en almacenes y bancos; si somos lo segundo, debiéramos ya de empezar a trabajar para no aceptar todos lo que acuerdan “nuestros representantes” que por hacerlo nos cuestan cerca de 400 mil pesos mensuales en ambas cámaras.
Viendo todo esto yo sí votaría por Cordero para la Presidencia, él que dice se puede vivir con un salario de seis mil pesos mensuales y que de acuerdo a lo que hacen y trabajan ese debería ser el sueldo de todos ellos.
La clave de la administración pública no está en la captación de los impuestos sino en el gasto adecuado de lo recaudado y pongo de ejemplo las palabras de la síndico de mayoría de Torreón cuando dice “...el tesorero Rosique ha aumentado la captación de ingresos, pero son los encargados del gasto los que no moderan sus hábitos”.
Hace dos años el señor Martí lo dijo: “Si no pueden, renuncien”, y en ese tiempo hemos visto caer mandatos de Siria, Libia, Egipto, Grecia, le sigue Italia y aquí en México ninguno cae, son como los gatos, están de pie.
La caída lógicamente no mejora el panorama, pero al menos le imprime presión a los encargados del gasto para que se midan ante los embates del reclamo ciudadano y así pidan menos y gasten sólo en lo necesario, bajen en número de burócratas y sus salarios, es decir que en verdad sean parejos con todos nosotros.
Somos un país muy extraño, ellos hacen campaña, nosotros votamos, ellos ganan, nosotros perdemos, ellos viven bien, nosotros como podemos y luego nos quejamos, pero al final nosotros los elegimos y los pusimos donde ahora están y ganan lo que ganan.
¡Qué frustración!
Gómez Palacio, Durango.
Miguel Gerardo Rivera,