¿Qué les parece el nombre de David Fernández para presidente de Estados Unidos en el año 2032? ¿O los de Paola Gutiérrez o Tomás García como futuros gobernadores de California en el 2023?
Lo que antes parecía un sueño irreal está en vías de convertirse en una palpitante realidad.
Si los afroamericanos llegaron a la Casa Blanca siendo una minoría del 12 por ciento de la población, ¿por qué no los hispanos que representan ya el 16.3 por ciento en Norteamérica?
Los datos del censo 2010 sorprendieron a medio mundo, todos sabíamos del crecimiento inusitado de los habitantes de piel morena, pero nadie imaginó que sumarían 50.5 millones en la Unión Americana, sin considerar a varios millones más de indocumentados que se presume no respondieron por temor a ser deportados.
"Estados Unidos es menos blanca, pero mucho más hispana", reza un artículo periodístico que revela un crecimiento del 43 por ciento de los latinos desde el año 2000 y una contribución del 56 por ciento en el crecimiento general de Norteamérica.
Más claro ni el agua. Sin hispanos este país se hubiera quedado estancado bajo el síndrome del envejecimiento prematuro que ya padece Europa. Además el crecimiento no se concentró en California y Texas como ocurría en el pasado.
Hoy en día hay comunidades latinas por doquier. En Carolina del Sur se duplicó en la pasada década, en Virginia creció el 81 por ciento, en New Hampshire 79 por ciento, en Maine 81 por ciento, incluso en Massachusetts al extremo Este, los hispanos aumentaron un 46 por ciento.
Estados Unidos es hoy en día el segundo país con población de origen hispano, detrás de México (111 millones) y por encima de España (46.9 millones), Colombia (45.2 millones) y Argentina (40.1 millones).
California, con más de 14 millones de habitantes hispanos, podría convertirse en prácticamente otro país si mantiene la misma tendencia de crecimiento.
Quienes no quieran verlo, ni leerlo, ni escucharlo, pues que mejor se metan debajo de la tierra como las avestruces, pero lo cierto es que los hispanos son la segunda fuerza económica, política y social de Norteamérica y con la ventaja de que seguirán creciendo por muchos años más.
Son la única minoría que colocó su idioma como una segunda lengua -casi oficial-- además de influir poderosamente en la cultura norteamericana a través de su comida, música, religión y costumbres.
Es la única minoría capaz de abarrotar estadios cada vez que se presenta su equipo de futbol favorito: México. La única que cuenta con tres cadenas nacionales de televisión, cientos de estaciones de radio y miles de publicaciones en español.
Es la única que goza de secciones especiales en librerías de prestigio, la única también que recibe misas y servicios en español en casi todas las iglesias, es la minoría con la mayor destreza para moverse de un lado a otro del país y emplearse en los más diversos sectores de la economía.
Es cierto que los hispanos son desorganizados, irreverentes, apáticos y desobligados para los asuntos políticos y de ahí el poco avance en la reforma migratoria y en la defensa de sus derechos, especialmente de los inmigrantes indocumentados.
Pero son cada vez más y la verdad cada vez más exitosos en todos los campos de acción: en el deporte, los espectáculos, la educación e incluso en la tecnología.
Con los datos reveladores del censo vendrán seguramente otros efectos.
Por un lado el reconocimiento tácito de esta fuerza por parte de autoridades y la sociedad norteamericana lo que redundará en mayor atención, presupuestos e inversiones para atender a la comunidad hispana.
La segunda será lo que ya vivimos: el recrudecimiento del sentimiento racista ante el temor anglosajón por perder su predominio en un territorio que considera sólo suyo y de nadie más. Esto recuerda a un presidente mexicano cuando decía "ni los veo ni los oigo", en referencia a los simpatizantes de la izquierda.
Pero los datos de los censos no pueden ocultarse y se han esparcido con una velocidad impresionante en los medios norteamericanos. Estados Unidos es hoy en día más hispano, más moreno, más diverso y con menor predominancia de la población blanca.
Los hispanos, pues, llegaron aquí para quedarse y para contribuir cada vez con mayor intensidad a la construcción del país más poderoso del planeta.
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