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Importar gasolina

OPINIÓN

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Sergio Sarmiento

En 2006 México importaba 204,700 barriles diarios de gasolina. Para el primer trimestre de 2011 la cifra había aumentado a 373,800. En cinco años las compras mexicanas de gasolina en otros países, principalmente Estados Unidos, se han elevado en 82 por ciento.

Una de las razones es el incremento del consumo nacional. En un momento en que las alzas de los precios de la gasolina han moderado el consumo en el mundo, los precios subsidiados de México se han reflejado en un aumento en el uso del combustible. El volumen de ventas internas de gasolinas pasó de 718,100 barriles en 2006 a 814,200 en marzo de 2011, lo que significa un incremento de 13 por ciento.

Una buena parte de las importaciones de 21,411 millones de dólares de Pemex en 2010 es producto de la dependencia de las gasolinas del exterior. Si esto fuera resultado de una falta de vocación natural, si realmente tuviera más sentido económico seguir produciendo crudo e importando gasolina, no tendría caso ni preocuparnos. Pero México sería una ubicación natural para producir gasolina no sólo para nuestro país sino para la exportación.

Sin embargo no hay razón para que Pemex destine parte de su capital a nuevas refinerías. Debido a que tenemos un sistema que despoja a la petrolera de buena parte de sus ingresos para subsidiar el gobierno, los recursos que le quedan para inversión son bastante limitados. Tiene mucho más sentido para el monopolio utilizar el poco dinero que le deja Hacienda para emplearlo en petróleo crudo, que es un negocio de dólares, en lugar de gasolina, que es de centavos.

Por otra parte el hecho de que el negocio de la gasolina sea de márgenes muy pequeños no lo hace ideal para un ineficiente monopolio estatal como Pemex. Es muy difícil, si no imposible, perder dinero en el mercado del crudo. Pero en gasolina es muy fácil. De hecho, hay muchas refinerías en Estados Unidos que pueden comprarse hoy por un precio irrisorio.

Esto no debería ser un problema para la producción de gasolina en nuestro país. Mientras Pemex se concentra en el negocio del petróleo crudo, la iniciativa privada podría construir refinerías en México. Muy pronto podríamos haber logrado algo similar a Brasil, que ha sido un exportador neto de gasolinas incluso en tiempos en que tenía que importar petróleo crudo.

El problema nos lo crearon los políticos. Aunque la Constitución no dice nada acerca de la gasolina, los legisladores mexicanos han prohibido la inversión privada en la refinación de ésta. Según ellos, habría un gran agravio en contra de la soberanía de nuestro país si se permitiera que empresas privadas refinaran gasolina en México y la distribuyeran. No les molesta, sin embargo, que la importemos.

La verdad es muy distinta. Es la prohibición la que está debilitando la soberanía al obligarnos a importar gasolina. Y los responsables son directamente los políticos que no han permitido la apertura de la refinación y distribución de gasolina en nuestro país.

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