Estimados y honorables miembros del presidium, amigos todos, conciudadanos, bla, bla, bla...:
Con el debido respeto, y en estricto cumplimiento con lo dispuesto en el Artículo 69, Fracción II, inciso f), párrafo tercero de la ley orgánica que nos rige, y de su respectivo Reglamento y normas aplicables, comparezco ante ustedes a rendir mi informe de labores para el periodo que hoy concluye. Lo hago esta mañana, con plena conciencia de la confianza que el pueblo ha depositado en mi persona, y con pleno convencimiento de que la transparencia y una rigurosa rendición de cuentas, es eje y sustento de una vida democrática sana, bla bla. Por ello, estimados amigos, pongo frente a ustedes mi honradez y verdad como armas principales.
Antes de proceder con el detalle sucinto de nuestro accionar desde el gobierno, haré algunas reflexiones generales sobre mi visión como estadista, esperando que mis palabras sean faro para el ciudadano en su comprensión de las enormes responsabilidades que el gobernante enfrenta, bla. Como lo he dicho, la honradez y la verdad siempre han sido mis armas principales. De ellas me valgo, y son ellas, precisamente, conciudadanos, veleta para discernir los vientos de la política que conduzco. Así, para atajar cualquier crítica, y a la par de los rumores existentes, confesaré que sí, efectivamente, subí al despeñadero de las masajistas, y sí, me lamieron aquello. La fotografía es veraz. Uno también está vivo.
Las oquedades vastas que conducen a la próstata tienen terminaciones nerviosas que generan placer, queridos amigos. Que no me juzguen los puritanos por indagar en esas refinadas lides. Las debilidades y bondades del hombre son respetables. La liberación es de uno. El acceso a la responsabilidad pública no es sinónimo de frialdad, mucho menos renuncia al jugueteo parlanchín de la saliva y los glúteos, queridos amigos. Acceder a la gestión pública es orgullo, responsabilidad, pero también afrodisiaco asociado al poder, y sus consecuentes lides en el catre. Las lecciones las hemos aprendido de nuestros antecesores. Su accionar ha sido vasto, diligente, efectivo, no solamente en materia de conquista y toqueteo, sino en lo que se refiere a otras cuestiones. Por eso también, queridos amigos, quiero decirles que no están solos, somos humanos, necesitamos alimentarnos, siempre velando por ustedes.
Precisamente la gastronomía es placer. Esas comilonas acompañadas de buenos caldos son fantásticas, hay que reconocerlo, queridos ciudadanos. Tiembla menos la pluma frente al voucher, tratándose de recursos públicos. El gasto es marginal, por lo demás, debemos aceptarlo, comparado con la importancia de la política de peso que priorizamos en nuestras charlas. Que no entiendan, y que nos critiquen los de afuera, no es nuestro problema. Pueden seguir zumbándose sus gorditas en la banqueta. Los combates y las presiones que sufrimos los gobernantes requieren panza llena, corazón contento, frangélicos inmejorables, indudables pacharán. Es un lugar común golpearnos con la crítica fácil. Los medios, y la consecuente ciudadanía manipulada, maximiza las cuestiones, y se conduce al rimo del rating.
Los combates jurisdiccionales, el escudarse en el detalle, ofrece refugios para la ineficiencia, es cierto, el peso de la responsabilidad abruma, y es distancia, pero que no se les ocurra a los opositores tacharnos de vale-madrismo, de poco patrióticos, de cómplices del deslinde. ¡No, eso no, estimados conciudadanos! La posibilidad de seguir sirviéndolos a ustedes es la prioridad. Este informe sucinto es comienzo, pero también es muestra y antecedente de una nueva forma de gobernar sin cinismos, sin tabús presas de atavismos, abierta a la ciudadanía, en congruencia con los retos asociados a la actual coyuntura. El poder se siente, el poder es respeto, el poder adictivo. Entrar a un auditorio, como éste, repleto de caras conocidas, de admiración y empatía, no solamente me alienta y me fortalece, sino me reitera mi firme convicción de que vamos por el camino correcto. Que algunos opositores nos critiquen es producto del despecho de los fracasados. Las voces que juzgan ignoran las presiones que palpitan nuestras sillas. Piensen ustedes, en esa casilla electoral, y frente a la boleta vacía, en el sacrificio y la vocación de servicio que requiere estar aquí, de este lado, compañeros. Aún a los pacharanes hay que agitarles el hielo pa' que enfríen. Toda acción cuesta trabajo, compañeros. Y el bienestar común y el bienestar de nuestras familias, requiere que trabajemos brazo con brazo, codo con codo, porque esta ciudadanía que nos hemos encargado de formar, así lo requiere.
Quiero concluir reconociendo, aceptando, queridos amigos, que las arcas municipales han menguado en números, y la deuda se ha incrementado. No solamente la situación económica ha incidido en tasas menores de recaudación, sino que el gasto corriente ha crecido, así como algunas cosas más que en su momento habrá que hacerlas del conocimiento de la ciudadanía. Pero eso sí, queridos conciudadanos, y en eso quiero ser muy claro, no se trata de compadrazgo, ni de aviadores, ni de estrategias personales de desfalco o del mantenimiento de una estructura clientelar compleja. Se trata solamente de la necesidad del gobernante de tener gente de confianza a su lado. Se trata de priorizar actividades, y de eficientizar el gasto público. Es precisamente allí donde se distingue la mano firme y los resultados concretos. Las conductas y las lecciones de quienes nos precedieron así lo atestiguan. Y es finalmente el pueblo, queridos compañeros, el pueblo entrañable que es parte de uno, que es voz, pero también es pilar. Seguramente, como ahora, contando con su apoyo caminaremos juntos, como siempre, para el progreso de nuestros pueblos.