Juntos. Luego del accidente de Verónica hace dos años, la pareja decidió pedir ayuda del DIF y reintegrarse al mundo laboral.
Atleta de alto rendimiento desde su adolescencia, corredora por gusto y enfermera por vocación. Así es como Verónica Velázquez llevaba su vida acompañada de sus tres hijos, a quienes mantenía con su empleo en una clínica de Francisco I. Madero.
Sin embargo, mientras regresaba de su trabajo hace casi dos años su coche tuvo un desperfecto, lo que originó una volcadura en la que sufrió múltiples lesiones de gravedad, una de ellas le provocó un daño en la columna que la alejaría para siempre de las pistas de atletismo.
"Yo no esperaba estar en esta silla, nunca me lo imaginé, pero me siento orgullosa de que se puede salir adelante a pesar de cualquier cosa", dice Verónica sin dejar de sonreír.
Es viernes y decide salir a dar un paseo por el centro de Torreón en compañía de su esposo José Ángel Hernández Herrera, quien confiesa haberse enamorado a primera vista mientras impartía clases de basquetbol en DIF municipal. "Ella llegó para un programa de empleo temporal, cuando la vi, quedé enamorado inmediatamente".
José Ángel tiene 15 años trabajando como profesor de educación física y deportes en el DIF, donde enseña a personas con discapacidad para poder llegar a las diversas competencias estatales y nacionales, sin embargo también se ve obligado a utilizar silla de ruedas pues no recibió la vacuna contra la poliomielitis cuando era niño. "No me gusta quejarme, por que he recibido cosas mejores como mi esposa", dice el entrenador.
La pareja se detiene frente a un puesto de comida sobre la avenida Juárez, pues el largo trayecto desde la colonia Las Carolinas les abrió el apetito. "Nosotros siempre nos transportamos en nuestra sillas, ahorita venimos desde allá... ya es costumbre", comenta Verónica quien no evita limpiarse el sudor de la frente.
MOMENTO DE CRISIS
Luego de recibir la noticia de que quedaría en silla de ruedas, Verónica aseguró experimentar una fuerte crisis emocional y económica, pues al perder su empleo de enfermera ya no podía mantener a sus tres hijos menores de edad. "Creo que Dios sabe lo que hace y bueno... en ese momento se me vino el mundo abajo, estaba sola y no había manera de salir adelante, pero todo cambia" dice.
Luego de recuperarse y adaptarse a su nuevo medio de transporte, decidió buscar una oportunidad de empleo temporal por medio de DIF, donde aprendió a elaborar collares y artículos de belleza para venderlos posteriormente. "Ahí fue donde lo conocí (José Ángel) y me apoyó mucho para quitarme la depresión, además cuida a mis hijos como si fueran de él".
El negocio donde la pareja planea comer no cuenta con una rampa para silla de ruedas, por lo que deciden permanecer frente a la puerta para que algún empleado les tome su orden, sin embargo, luego de veinte minutos sin tener éxito deciden elegir otra opción. "Vamos por un agua", dice José Ángel en voz baja.
NUEVO PROYECTO
Hace un año que Verónica decidió contraer matrimonio con Ángel, quien además comparte su gusto por el baile y el deporte. "Decidimos meternos a un concurso municipal en parejas y ganamos", platica.
En los próximos meses representarán a la región en una prueba estatal que se realizará en la capital de Coahuila, sin embargo necesitan apoyos para renovar sus sillas pues no cuentan con los recursos suficientes para reparar las propias "le pedimos ayuda a la gente, al igual que nosotros hay mucha gente que quiere realizarse y salir adelante, pueden comunicarse al 716-77-25 y donar lo que gusten", dice José Ángel.
Los bailarines deciden comprar una tradicional agua de sabor para emprender su camino de regreso "está muy fuerte el calor y nos vamos en la silla... muchos taxis no nos quieren llevar", comentan.
VERÓNICA VELÁZQUEZ
Bailarina