Desgraciadamente se han cumplido los presagios: el Necaxa ha regresado al averno de la división de ascenso, al no lograr cumplir el objetivo de ganar sus tres últimos partidos, cosa que se antojaba prácticamente imposible, esperando además que Querétaro sumara menos de cuatro puntos.
La verdad, el cuadro electricista ha bajado de categoría como una lógica respuesta a la planeación apresurada, las decisiones postergadas y la improvisación teñida de corrupción.
Cuando se decidió que la franquicia se mudaría a Aguascalientes, se antojaba una fórmula interesante, llevando a un equipo que iba a la alza en cuanto a afición, a un lugar fresco y que albergaba un gran proyecto deportivo. La bronca fue que los planes se tiñeron del cambiante color de la política y según el gobierno en turno, los apoyos empezaron a escasear.
El llamado "equipo de la década" en los años noventas, terminó por no lograr mantener un nivel competitivo y por ello descendió, aunque, hay que reconocerlo, volvió más pronto de lo esperado al máximo circuito.
Una vez más, inició el rosario de ineptitudes desde el nombramiento del presidente de la institución. Personas carentes de los mínimos reglamentarios para dirigir un equipo serio, llegaron al futbol pensando que con relaciones y dinero se puede resolver casi todo.
Despidieron a Omar Arellano, quien no era más malo que otros timoneles, preferentemente extranjeros, a los que se les tiene toda la paciencia del mundo, para traer a un fracasado, a un versificador del futbol y a un engañabobos llamado Daniel Alberto Brailovsky.
El nuevo estratega, junto con el alto mando rojiblanco, "planeó" la temporada de cierre y gastó una fortuna en una serie de "refuerzos" que resultaron un petardo, amén de que el equipo no jugaba a nada, no anotaba y no ganaba y aún así se mantuvo en el timón al "ruso".
Cuando la embarcación estaba más hundida que el "Titanic", Sergio Bueno asumió el reto de salvar al "hidrorrayo" e incluso consiguió algunos resultados positivos pero el cadáver ya apestaba y a dos fechas de la conclusión del torneo, es un hecho que se va.
Necaxa no descendió el sábado en Cancún. Es una larga cadena de errores los que hundieron a uno de los equipos con mayor tradición en el balompié nacional.
Particularmente me duele esta situación, ya que en mi época como árbitro dirigí muchas veces a este cuadro lleno de grandes jugadores e incluso, tres de las diez finales que tuve el honor de dirigir, fue precisamente con ellos. Un bicampeonato ante Cruz Azul y Celaya y aquella polémica final en Torreón, frente al Santos, marcaron mi carrera a la par de un equipo extraordinario.
Ojalá se retome la seriedad del proyecto y puedan muy pronto, volver al máximo circuito.
Apbcarter_1@hotmail.com