'El Tratado de la Antártida será visto un día como la Carta Magna de la diplomacia pacífica y la cooperación internacional', explicó Berkman. EFE
La cooperación basada en ciencia, como la que posibilitó el Tratado de la Antártida a mediados del siglo XX, es la mejor forma para que los países respondan a los principales desafíos actuales, dijo hoy el científico Paul Berkman.
Berkman, antiguo director del Programa de Geopolítica del Océano Ártico de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y profesor de la Universidad de California en Santa Bárbara (EE.UU.), declaró a Efe que los principales problemas de hoy en día, como la paz o el cambio climático, pueden utilizar el Tratado de la Antártida como modelo.
Según Berkman "es cada vez más evidente que nos enfrentamos a fenómenos de escala mundial que no pueden ser resueltos por una sola nación o una región del mundo. Y tampoco pueden ser resueltos rápidamente".
Por ello, Berkman considera que las lecciones de la negociación e implementación del Tratado de la Antártida, firmado en el momento álgido de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, son el mejor camino a seguir.
"El Tratado de la Antártida será visto un día como la Carta Magna de la diplomacia pacífica y la cooperación internacional", explicó Berkman, que recientemente publicó el libro "Science Diplomacy: Antarctica, Science and the Governance of International Spaces" con el Instituto Smithsoniano.
"Después de la Segunda Guerra Mundial, líderes como el presidente estadounidense (Dwight) Eisenhower, reconocieron que un conflicto similar nunca debería repetirse. Existía un sentimiento en la década de los cincuenta e incluso de los sesenta que deberían crearse estrategias que promoviesen la cooperación para prevenir los conflictos".
El Tratado de la Antártida, que entró en vigor en 1961, prohíbe el almacenaje o pruebas de armamento nuclear en el continente helado, que representa un 10 % de la superficie terrestre, para preservar la Antártida como una región dedicada exclusivamente a la investigación científica.
El tratado también mantiene "en animación suspendida, porque ni niega ni reconoce", las reclamaciones territoriales y fue firmado en un principio por 12 naciones (entre ellas Chile y Argentina), aunque en la actualidad 47 países de todo el mundo se han incorporado al acuerdo.
"Fue el uso de la ciencia como herramienta diplomática lo que permitió la firma del Tratado de la Antártida" dijo Berkman, quien añadió que el éxito del tratado consiste en su simplicidad y flexibilidad.
"El tratado en sí es sólo 14 artículos, que han sido suficientes para que el mundo aparte un 10 % de la superficie terrestre para usos pacíficos. Los 14 artículos son los suficientemente amplios y abierto a interpretación y elaboración. Y crearon un proceso de consultas", agregó.
"El Tratado de la Antártida demostró que un proceso de cooperación y consultas puede ser efectivo para permitir que las naciones trabajen de forma conjunta, dejando atrás sus diferencias", aseguró el académico.
Berkman considera que en las actuales circunstancias "la responsabilidad más básica de toda generación es ofrecer esperanza e inspiración a futuras generaciones".
"Es muy fácil criticar, desarrollar estrategias pesimistas y vender este tipo de información a los medios de comunicación. Una de las cosas que emerge de la Antártida es esperanza e inspiración sobre cómo la humanidad ignoró diferencias para manejar asuntos planetarios relevantes para el futuro", concluyó.