El gobierno de Barack Obama está sopesando una acción diplomática sin precedentes, que sería prohibir la llegada a suelo estadounidense a un presidente que ha sido aliado de Estados Unidos.
Funcionarios estadounidenses evaluaban el martes una incómoda petición del líder yemení y antiguo aliado de Estados Unidos en contra del terrorismo. Alí Abdalá Salé ha dicho que planea llegar a Estados Unidos para recibir tratamiento médico por lesiones sufridas en un intento de asesinato ocurrido en junio, y ha pedido una visa estadounidense para entrar al país. Temerosos de parecer que le dan asilo a un autócrata con sangre en las manos, el gobierno de Obama trataba de asegurarse de que la visita de Salé fuera sólo para recibir atención médica y que no planea quedarse, dijeron funcionarios estadounidenses.
El titubeo de Washington refleja las cambiantes alianzas y estrategias de política exterior impulsadas por un año de agitación en el mundo árabe. Salé ha sido un aliado de Estados Unidos contra al-Qaida y pronto transferirá el poder bajo un acuerdo con la oposición yemení, respaldado por Washington, con el objetivo de poner fin a meses de inestabilidad. Salé no será sujeto de sanciones internacionales, ni de Estados Unidos.
Pero también es acusado de cometer graves violaciones a derechos humanos durante un año de conflictos internos y Estados Unidos intenta no quemar los puentes con los grupos políticos de aquel país que muy probablemente formarán parte de los gobiernos futuros.
El asilo político para Salé en Estados Unidos o la apariencia de un trato preferencial por parte del gobierno que ha abogado por un cambio democrático y pacífico, podría ser muy impopular entre los yemeníes que han luchado para deponer al dictador que detentó el poder por 33 años.
Funcionarios cercanos al caso de Salé dijeron que la sospecha de Washington de que el líder pueda solicitar asilo político estaba demorando la aprobación del viaje. Dichos funcionarios hablaron bajo condición de guardar el anonimato debido a lo delicado del tema.
Sin embargo, los funcionarios estadounidenses parecieron corroborar sus preocupaciones y dijeron que tenían un conflicto con las recientes declaraciones de Salé que pintan su viaje como un acto diseñado para facilitar la transición política.
"Lo que estamos viendo al momento es una petición de venir a Estados Unidos para el único propósito de recibir tratamiento médico", dijo Mark Toner, portavoz del Departamento de Estado, quien se rehusó a ahondar en la evaluación específica. "Ese permiso no se ha otorgado aún".
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