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Los bandidos de Río Frío

GILBERTO SERNA

"Yo no los llamé, están aquí porque quieren", les dijo Javier Sicilia a reporteros que cubren la Caravana de la Paz hacia el Sur, luego que se le cuestionó sobre las fallas de logística en el desarrollo de la marcha, considerándose de poco interés en la esencia que motivó la marcha contra la inseguridad. De lentes, con cristales claros, luciendo un adorno de flores colgando del cuello, sombrero de alas anchas, de mostacho encanecido y barba rala que le da un aspecto de intrépido aventurero, estilo Indiana Jones en busca del arca perdida. Un hombre de rostro afable que va acompañado por otros activistas y miembros de la sociedad civil. Frente despejada, vista casual, polos coloridos y vaqueros desgastados. Le hace la lucha a su peregrinar en la búsqueda de la paz con dignidad. Es un Ulises moderno que se enfrenta a su propia Odisea porque dice hay muchos monstruos que evitar, domar, cambiar, en un sentido homérico. Para Sicilia el movimiento que encabeza no tiene fines políticos ni intereses económicos. La marcha nacional por la paz con justicia y dignidad, la inició en Cuernavaca, Morelos, lugar donde murió su hijo asesinado en el mes de marzo junto a cuatro amigos, jóvenes veinteañeros.

Los que acostumbran a ver en todo moros con tranchete, no advierten en Javier a un soñador sino que de inmediato lo fustigan señalando que lleva de menos 9 días en su peregrinar por diversas ciudades del país, en una expedición integrada por unos 630 activistas, por lo que, se dice, muchos mexicanos se preguntan: ¿Quién tendrá tanto dinero para gastarlo en la Caravana?, ¿Quién o quiénes están detrás del poeta Javier Sicilia? ¿Quién era el poeta Javier Sicilia antes de la muerte de su hijo? Un lector escribe a propósito de esa crítica "Don Javier es hombre comprometido con las luchas del pueblo, con la verdad, congruente con sus creencias y convicciones, y ambas son buenas y nobles. Lo de su hijo, es una desgracia que simplemente hace aflorar lo que este hombre lleva en su corazón. Agrega que a Don Javier lo lee desde hace años, cada vez que aparecían sus aportaciones periodísticas. Bien, quizá se pueda ver de cuerpo entero cuando Sicilia respondiendo a un cuestionamiento de los chicos de la prensa sobre la presencia de los guardaespaldas que lo acompañan en su recorrido, dijo: " yo no vengo con guardaespaldas porque quiera venir con guardaespaldas, vengo con guardaespaldas porque el gobierno me los puso".

La realidad es que una marcha no va a cambiar la faz del mundo. Por lo visto Javier es un hombre que además de traerlos bien puestos tiene bastante dinero para gastarlo en lo que se le pegue la gana. Si así siente que puede honrar la muerte de su hijo, él sabrá por qué lo hace. Era un muchacho de mediana edad cuya muerte ocurrió cuando les dispararon a él y a otros que estaban justo a su lado. Eso a cualquier padre le despierta instintos antes desconocidos. Creo que el leit motive que empuja a Sicilia, que puede traer consecuencias graves o no traerlas, no es otra cosa que un gran dolor. Una congoja de paternidad, una angustia de la que no logra substraerse, una aflicción que no se borra con el tiempo y menos en una alma tan sensible como la de un poeta. Está molido, lastimado, agobiado a punto de estallar. El encabezamiento de una marcha que hace su recorrido por diversos puntos del país puede destrozarle los nervios al más plantado, con mayor razón a quien por las noches, a solas, cuando las sombras de la noche se aproximan desde el horizonte, se pregunta ¿porqué? No quiero venganza, perdono a los que cometieron tan bárbara acción, tan sólo pido justicia, que si atrapan a los culpables, se les aplique todo el peso de la ley.

Lo de los escoltas ahora se ve que fue un acierto de las autoridades, pues es obvio que la seguridad forma parte de nuestra vida diaria, a mayor razón si se camina por lugares solitarios en los que parece suelen repetirse escenas narradas por Manuel Payno en su obra literaria costumbrista Los Bandidos de Río Frío. Era un relato de un México recién independizado, en cuya sabrosa secuencia aparece como gran mensajera la corrupción, que imperaba desde aquel entonces, como el becerro de oro que aún se encuentra incrustada hasta el tuétano de los que habitamos en este país. Lectura que nos introduce en las costumbres de aquella lejana época que se cierne sobre nosotros como un fantasma, pues estamos inmersos en la peor perversión que haya vivido nuestra nación en toda su historia. El domingo en la noche, viendo en televisión el programa Cambios que se origina en la ciudad de Monterrey, que dirige el arquitecto Héctor Benavides, con varios panelistas, se afirmó que hemos tocado fondo, por cuanto a descomposición y libertinaje se refiere, dando diversas soluciones que no viene al caso repetir.

Leamos la obra literaria señalada en este párrafo, que describe los ambientes de las casas ricas y las de los pobres. En fin, lo diré con una frase que se usaba mucho en tiempos pretéritos: estamos hasta el chongo de la inseguridad en que vivimos.

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