El dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), José Ramírez Gamero, insiste en hacerle la vida "de cuadritos" al dirigente estatal de su partido, Esteban Villegas Villarreal. Y es que como ya había ocurrido en otros momento, de unos días a la fecha ha endurecido sus criticas hacia la cúpula priista.
El sábado pasado, el cetemista acudió a la sede estatal de su partido, acompañado de un centenar de simpatizantes: tenía cita con el propio Villegas, pactada un par de días antes.
Sin embargo, la furia lo invadió en cuanto le informaron que el médico no lo podría recibir, pues se encontraba de viaje, realizando tareas partidistas en Baja California Sur, donde este día se realizan elecciones.
Ramírez Gamero comenó a reclamar, acusando a su dirigente de "no tener la hombría" para recibirlo; fueron finalmente la secretaria general, Alma Marina Vitela y el delegado del Comité Ejecutivo Nacional, Alejandro Lambretón Narro, quienes los atendieron. Los resultados del encuentro no fueron informados.
Y hablando de viajeros, fueron varios los priistas que fueron enviados a Baja California Sur en apoyo a su candidato a la gubernatura, Ricardo Barroso Agramont. Solo que, en esta ocasión, enviaron a priistas de un mayor talle que en las ocasiones anteriores.
Figuras como el propio dirigente estatal, Esteban Villegas, el diputado federal Ricardo López Pescador y el legislador local Miguel Ángel Olvera, apoyan en tareas "no especificadas".
Así, si acaso llegaran a realizar tareas "mapachistas", todos cuentan con el "fuero" suficiente para evitar detenciones por parte de cuerpos de seguridad locales, como en su momento le ocurrió a otros como el actual director de Servicios Públicos, Antonio Vázquez y a uno de sus asistentes, Milton Eloir López.
A lo largo de la semana, uno de los principales escándalos mediáticos de la localidad se centró en las presuntas irregularidades en que habría incurrido el restaurante propiedad del ex dirigente panista Manuel Espino. Finalmente, las propias autoridades confirmaron tales, por lo que se le enviaron apercibimientos con los que habrá de cumplir si es que no quieren que se llegue a la clausura del establecimiento. Sin embargo parece que la cosa no parará ahí, pues en los últimos días se ha reducido de manera considerable el número de clientes que acuden.
Incluso la clase política de plano se buscó otras opciones, pues son ya varios los días en que no se ven en las afueras estacionadas camionetas de funcionarios públicos y partidistas.
Se viene otro problema: allegados a empleados del lugar, han comenzado a quejarse por la falta de seguridad social, lo que podría incrementar el escándalo pues, por ley, el patrón está obligado a cumplir con dicha prestación.
Durante la reunión del gabinete del pasado viernes, el secretario general de Gobierno, Hugo Rosales Badillo, instruyó al titular de Aguas del Municipio de Durango, Luis Fernando Uc Nájera, para que además de las tuberías rotas en sitios de uso común y edificios públicos, atendiera los llamados en el interior de las viviendas. Menudo problema en el que lo metió.
Y es que, además de que no es la responsabilidad del organismo municipal, este no cuenta con el personal humano ni la solvencia económica para hacerlo.
La "orden" de Rosales Badillo se dio pese a que Uc Nájera detalló la obligación específica de la dependencia que coordina; sin embargo no pudo decir que no.
Si ya de por sí muchas personas solicitaban auxilio ante la contingencia, la orden -transmitida a trav→ és de los medios de comunicación- detonó las llamadas telefónicas hacia sus oficinas, prácticamente colapsando su operatividad.
Finalmente pudo más la conciencia ciudadana, que en un esfuerzo enorme por reparar la infraestructura de sus viviendas, evitó que se desperdiciaran millones de litros del vital líquido.
Fuentes al interior del gabinete avisaron ya de la posibilidad de cambios en la estructura gubernamental: se realizarán una vez cumplido el primer semestre de la administración de Jorge Herrera Caldera; la acción, aseguran, se imitaría en el Gobierno Municipal, donde Arnulfo León Campos, al renunciar a la Dirección Municipal de Seguridad Pública, abrió la puerta para varios funcionarios que, muy pronto, serían separados de sus encargos.