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Mare nostrum

CARLOS FUENTES

"Nuestro mar", el Mediterráneo, Mare Nostrum de Roma durante mil años, tras de la derrota de Cartago. Mar romano, de los Pilares de Hércules a las costas de Palestina. Mar del mundo árabe del norte de África, con mil años de presencia musulmana en Andalucía y extensión hasta las puertas de Viena, antes de reposar, religiosa y culturalmente, en muchas partes de los Balcanes. De Gibraltar al Bósforo, cultura musulmana pero, ahora, inesperadamente, cultura democrática.

Confieso --y creo que muchos, como yo, no lo sabían-- mi ignorancia acerca del crecimiento de una clase media democrática en la región. En Egipto y Túnez, jóvenes clasemedieros armados de Facebook se unieron, se comunicaron, se enfrentaron a los regímenes dictatoriales de Túnez y El Cairo. ¿Sabían de su existencia los gobiernos de Ben-alí y de Mubarak? ¿Los ignoraban? ¿Los toleraban, tan seguros estaban de su poder y de su permanencia?

Como mexicano, sólo pude recordar el fasto con el que el dictador Porfirio Díaz celebró el Centenario de la Independencia en septiembre de 1910. La Revolución estalló en noviembre. Tolerado primero, perseguido después, Francisco Madero, "Apóstol de la Democracia", desató, trascendiendo al propio Madero, un movimiento popular encabezado por la clase media postergada como en el Mediterráneo musulmán, pero seguido por la masa campesina que apoyó a Zapata y Villa.

O sea, ¿hasta dónde llegará la revolución del "mar nuestro"? En Túnez y El Cairo, la clase media ha encabezado la revolución. El régimen militar sobreviviente a las dictaduras ha apoyado los movimientos. Ha tratado de condicionarlos, aceptando fechas electorales, impidiendo manifestaciones populares que han ocurrido a pesar de los militares. Un cambio, un proceso que, como en el México de Madero, aún no culmina. Todo indica, sin embargo, que será difícil contener al poder ciudadano y a la información moderna que le da armas nuevas. Estos no son movimientos manipulados desde afuera sino nacidos de una sociedad, a su vez, naciente, debajo de, a pesar de, los gobiernos autoritarios, ellos sí (Túnez, Egipto) apoyados o por lo menos tolerados por intereses occidentales.

Revueltas propias, originales, informadas, populares y de clase media, en Túnez, Egipto y --otra sorpresa- en Siria. La añeja dictadura del partido BAAZ y sus dictadores, padre e hijo, Jafet y Bashar al-Asad, ha sido repudiada por estudiantes, mujeres y también, en este caso, kurdos y musulmanes Sunis. La respuesta del Gobierno ha sido dura. El grito de la oposición claro, duradero: "paz y libertad", "Dios, Siria, libertad y basta".

El caso de Libia es distinto. La población es más reducida, el origen de la riqueza (el petróleo) más concentrado, la vida tribal más pulverizada, las divisiones políticas menos acentuadas. Si en Túnez, Egipto y Siria no ha habido intervención foránea, en Libia una respuesta (incongruente) de Europa y los Estados Unidos se ha manifestado. Autorizada por la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, la intervención ha aislado a Francia y el Reino Unido (activos) de Alemania (pasiva) y Turquía (negativa) en tanto que los Estados Unidos se escudan detrás de la excusa de dos guerras (Afganistán e Irán) para no participar en una tercera contienda, que Washington juzga de la incumbencia europea. Sólo que sin la tecnología de la Fuerza Aérea norteamericana, la mini-Europa no puede operar. Europa dividida, los Estados Unidos formalmente ausentes, Libia dividida entre el poder menguante de Gadafi y el poder insuficiente de los rebeldes de Bengasi. ¿Podrá Libia, al cabo, liberarse de Gadafi por sí misma? ¿Reuniría un gobierno provisional como lo ha hecho la oposición a Gadafi, a demócratas, hermandad musulmana, líderes tribales, islamistas y defectores como el canciller de Gadafi, Musa Kusa? Está por verse.

El gran arco de nor-África se extiende de Marruecos en el Atlántico a Siria en el Mediterráneo, más Yemen en el Mar de Arabia y Bahrein en el Golfo Pérsico. ¿Ha entrado la región entera en un proceso revolucionario como el que recorrió la América española entre 1810 y 1821? Temprano para decirlo y aun después de la Independencia, ¡cuántos errores, cuántos caminos equivocados, cuántas leyes incumplidas y cuántos tiranos nuevos sustituyendo a los antiguos! ¡Cuánta dificultad para crear riqueza y distribuirla bien! ¡Cuánta distancia entre los logros de la cultura y las miserias de la política!

No digo, para nada, que sean idénticas y a veces ni siquiera semejantes, las situaciones del mundo árabe hoy y del mundo hispanoamericano ayer. Bolívar no tenía Twitter. Alí Mohsen Al-Ahmar, líder militar oposicionista en Yemen, sí.

¿Y cómo reaccionará el Estado de Israel ante el nuevo Mare Nostrum, el Mediterráneo democrático? ¿Y cómo, el Mediterráneo europeo, de Portugal a Grecia? Cosas veremos.

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