La vida de SanAgustín es en verdad interesante. Se trata de uno de los santos más famosos en la Iglesia Católica (año 354 al 430).
Después de Nuestro Señor Jesucristo y de San Pablo, es difícil encontrar un líder espiritual que haya logrado ejercer más influencia entre los católicos que este enorme santo. Su inteligencia era sencillamente asombrosa, probablemente no superada por ningún otro obispo o sacerdote. Su facilidad de palabra ha sido celebrada por personas de todos los países en muchos siglos. Su sabiduría era portentosa.De los 400 sermones que dejó escritos han sacado y seguirán sacando material precioso para sus enseñanzas, los maestros de religión en todos los tiempos.
Nació en Tagaste (Norte de África) en el año 354. Su padre era pagano de temperamento violento. En cambio, su madre, Mónica, fervorosa católica, fue y es una gran santa. De niño era bastante inquieto, y aunque poseía una inteligencia envidiable y una memoria portentosa, tenían que castigarlo con azotes para que estudiara, porque lo único que le gustaba era jugar y divertirse. Sus padres lo enviaron a estudiar en Cartago, que era la ciudad más grande de la región, pero en el colegio se dejó llevar por los malos ejemplos, y su comportamiento no fue nada santo. En las discusiones académicas era admirablemente invencible, pero su moralidad no era ejemplar.
Muchos noviazgos, asistencia demasiado frecuente a funciones y representaciones de teatro nada recomendables (contra esto predica después toda la vida). Hasta los 32 años su existencia es cadena continua de faltas y demiserias morales. De todo ellos habla en su más conocido libro llamado “Confesiones”. La lectura de “Las Confesiones de San Agustín” ha convertido a grandes pecadores. Santa Teresa cambió totalmente de comportamiento al leer tan bellas páginas.
Cuando joven tuvo una grave enfermedad, y ante el temor de la muerte se hizo instruir en la religión católica. Pero apenas recobró la salud se le olvidaron sus buenos propósitos y siguió pecando. En ese retroceso de su espiritualidad, se fue a vivir en unión libre con una joven, y de ella tuvo un hijo al cual llamó Adeodato (que significa: Dios me lo ha dado). Al terminar sus estudios en Cartago volvió a su tierra, Tagaste. Pero Mónica -su madre- no pudo aceptar de ninguna manera que su hijo viviera en unión libre, y sin más ni más, lo echó de la casa. “Bajo su techo no quería albergar enemigos de Dios”.
Cuando Agustín leyó las obras del sabio filósofo Platón, se dio cuenta que la persona vale mucho más por su espíritu que por su cuerpo, y que lo que más debe uno esmerarse por formar y fortalecer es su espíritu y sumente.Meses después se dedicó a leer la Santa Biblia y se desilusionó porque le pareció que ese libro era demasiado sencillo y que no tenía el estilo literario que había encontrado en los libros mundanos. Y dejó un tiempo de leerla. Después dirá, suspirando de tristeza: “La leía con soberbia y por creerme sabio, por eso nomeagradaba. En esas páginas yo no buscaba santidad, sino vanidad, por eso me desagradaba su lectura. ¡Oh Sabiduría, siempre antigua y siempre nueva. Cuán tarde te he conocido!”.
En Tagaste y en Cartago se dedicó a dar clases por 9 años. Pero luego dispuso viajar a Roma a enseñar en esa capital. Su madre, temerosa de que en Roma pudiera extraviársele más su hijo y perdérsele por completo, dispuso acompañarlo en su viaje a Roma. Pero Agustín deseaba viajar solo, y la engañó el día de embarcarse, enviándola a una iglesia a rezar, y mientras tanto se subió a un barco que partió enseguida. Después dirá: “Yo engañaba a mi madre, que me amaba comonadiemás lo podía hacer en la tierra”. Pero Mónica viajó después en otro barco que iba a Roma.Al llegar le contaron queAgustín se había ido a Milán, allá lo siguió, y en adelante se convertiría en su ángel de la guarda.
Un día, Agustín conoce la historia de San Antonio Abad que dejó su vida de riquezas y comodidades y se fue al desierto a rezar y hacer penitencia, y nuestro santo exclama: “Son muchos los que se atrevieron a dejar su vida mundana y a empezar una vida de santidad. ¿Y por qué yo no? ¿Qué es lo queme detiene para dar este paso? Cuando llegó a su casa abrió la Santa Biblia sin buscar algo en concreto y encontró el capítulo 13 de la Carta de San Pablo a los Romanos, en el verso 13 y leyó lo siguiente: “Portémonos no como quien está en tinieblas y oscuridad, sino como quien obra en plenodíayaplenaluz.Comportémonos de la manera más digna posible. Nada de impurezas ni de vicios o excesos de ninguna clase. No nos dejemos dominar por la carne y sus concupiscencias”. Aquello fue como un relámpago en su cerebro. Empezó a llorar y se dio cuenta que su comportamiento hasta entonces había sido todo lo contrario de lo que Dios manda en las frases que terminara de leer, y que era necesario empezar una vida totalmente nueva y distinta de la anterior. Despachó hacia el África a la madre de Adeodato y nunca más se volverá a encontrar con ella. Su conversión se presentó a los 32 años de edad.
Los siguientes 40 años serán de admirable santidad, progresando cada vezmás ymás.
En esta parte de la historia de SanAgustínmedetengo brevemente para resaltar la conversión de este pecador que en varias ocasiones se atrevió a decir: “Señor, hazme santo, pero todavía no”. Le fue sumamente difícil dejar a esa joven con la que vivió tantos años sin estar casado, le atraía demasiado, pero pudieron más las lágrimas de Santa Mónica su madre, que todos los días rezaba con gran devoción para obtener del Altísimo una transformación en la vida de su hijo.
La conversión es una gracia que el Señor nos envía cuando se da cuenta que avanzamos por rumbos equivocados, pero tenemos que ser dóciles a ello. Se compadece de nosotros y nos invita a reflexionar en las graves consecuencias que pudiera tener nuestro comportamiento. Estar en “Estado de Gracia” y perderlo por haber cedido a una tentación, debería ser motivo suficiente para que nosotros también derramáramos abundantes lágrimas. Se trata de un dolor intenso del alma que únicamente se elimina cuando limpiamos el pecado con el Sacramento de la Reconciliación. San Agustín es un claro ejemplo, y San Pedro, otro, al llorar amargamente cuando se dio cuenta que había negado a su Maestro.
La fe y la esperanza nos dicen que siempre saldremos fortalecidos después de una caída.
El amor de Dios nos envuelve otra vez y nos permite volver a ser libres y felices a su lado aunque lo veamos únicamente con los ojos del alma. Me llaman la atención esas lágrimas que derramó San Agustín por haber ofendido gravemente al Señor.
Me llaman la atención porque a cualquiera de nosotros nos puede pasar al estar inmersos en el pecado. Por un lado nos jalas Señor, y por el otro nos atraen las cosas que nos prohibes. Tenemos la opción de vivir lejos o cerca de Jesucristo, seguir comoestábamos o de arrepentirnos y llorar nuestras faltas.
Es importante estar atentos cuando el Señor nos llame, porque ¡qué hermoso es ver correr al mensajero llevando la Palabra de Dios entre sus labios! Y todos podemos ser mensajeros, lo triste es que solamente algunos lo serán. No podemos distraernos con infidelidades, pornografía, vicios o ausencia deDios en nuestra alma. El tiempo se termina, cada minuto cuenta. ¡Qué triste debe ser llegar al final del camino y no haberte conocido, Señor! Podemos ser emisarios de la Palabra dándola a conocer a todos aquellos que vagan sin rumbo fijo y sin dirección, o quedarnos callados comosi no nos importaran nuestros semejantes. Podemos ser verdaderamente felices en el trayecto y no solamente al final de nuestra vida al descubrir tardíamente la misión de evangelizar que se nos encomendó desde un principio.
Muchas veces las personas que nos quieren nos preguntan: ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? ¿Qué te duele? , y nos quedamos callados porque del cuerpo nada nos duele, nos duele el alma por haber ofendido al Señor. San Agustín dijo un día: “Todos los hombres buscan la felicidad, y sin embargo la mayor parte no sabe cómo alcanzarla”. Y también escribió: “Nos has creado para Ti, Señor, y nuestra alma no encontrará la verdadera paz sino cuando logre descansar en Ti”.
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