John Dee se enamoró de una mujer que no merecía que nadie se enamorara de ella.
Para conseguir su favor el filósofo vendió todos sus libros, sus preciosos astrolabios, sus planos zodiacales, las redomas y probetas que le servían para confeccionar sus filtros de alquimista. La aviesa fémina simuló quererlo, y aquel escéptico que no creía en nada creyó en ella.
Sus amigos le advertían:
-El amor de esa mujer es mentira.
Sonreía John Dee pensando en las caricias de la daifa, y contestaba:
-Quizás esté mintiendo. Pero prefiero esa mentira a todas las verdades que conozco.
¡Hasta mañana!..