Los temores de Carlos Reinoso fueron confirmados. El “monstruo morado” enseñó lo que es capaz de hacer cuando la ira lo domina y devoró a unas Águilas que volvieron a mostrarse frágiles ante un peso completo.
Resignado, “el Maestro” se fundió en un respetuoso abrazo con Víctor Manuel Vucetich de camino a los vestuarios. El director técnico del América felicitó a su colega por un claro triunfo, pese a que el marcador electrónico del estadio registró un apretado 2-1.
El rigorista penalti cristalizado por Ángel Reyna (89’) sólo sirvió para dar decoro al resultado. El chileno sabe bien que los Rayados pasaron por encima de los azulcrema durante varios lapsos del cotejo. Otra pobre exhibición de un plantel con grandes ínfulas y altas metas, pero limitado futbol.
La polémica expulsión de Nicolás Olivera (18’) y la recaída de Aquivaldo Mosquera, en esa lesión de su pierna izquierda, convirtieron el duelo en un galimatías para Reinoso, quien movió sus piezas tanto como pudo. Las reapariciones de Pável Pardo y Enrique Esqueda otorgaron experiencia a la banca, aunque no fueron solución.
El Monterrey la encontró con el arrojo deWalter Ayoví. Cansado de toparse con el muro amarillo que se construyó en el ocaso del primer tiempo, el volante ecuatoriano decidió probar de media distancia.
Le salió un proyectil que hasta asustó a Patricio Treviño. El canterano águila preservó su integridad física y esquivó el balón, inalcanzable para Guillermo Ochoa (47’).
Comenzaba el bombardeo hacia la portería visitante. Neri Cardozo y Sergio Santana aprovecharon el nerviosismo de Miguel Layún y Óscar Rojas. “El Maestro” sólo atinaba a resoplar en la solitaria zona técnica, desde donde “regaló” varias miradas retadoras al silbante Francisco Chacón.
El sudamericano consideró que el juez perjudicó al América con la roja mostrada a Olivera, quien entró con mucha fuerza a disputar un balón con Luis Pérez.