INDEPENDENCIA Y SUMISIÓN
Jean de La Fontaine, nacido en Francia en el año 1621, transformó el contenido de las fábulas de Esopo dándoles mayor alcance y riqueza. En su fábula, "El lobo y el perro", nos narra que un pobre lobo presentaba el aspecto de hambriento y desnutrido, pues estaba muy flaco, y esto se debía a que no podía cazar animales, pues se lo impedía una jauría de perros dedicada a proteger a los animales de las casas.
De pronto, el lobo se encontró con un perro fuerte y gordo. El lobo pensó en atacar al perro, pero tuvo miedo, ya que el perro era más fuerte que él. Así que el lobo cambió de pensamiento y empezó a platicar con el perro de una manera muy humilde. Lo empezó a adular diciéndole que lo encontraba de excelente aspecto y que lo admiraba.
El perro, ante la adulación del lobo flaco y hambriento, le dijo que si quería podía estar como él: gordo, bien comido y fuerte, sugiriéndole que dejara de vagar por los bosques como un miserable y un pordiosero, y además, con la seguridad de que finalmente moriría de hambre.
El perro invitó al lobo a que gozara como él de una "dorada suerte". ¿Y para esto qué debo hacer?, le preguntó el lobo. "Poca cosa - le contestó el perro - Dar caza a los mendigos, adular a los de la casa y complacer al amo, para ganar como salario los sabrosos restos: huesos de pollo y pichones, sin hablar de mil caricias por parte del amo".
El lobo se entusiasmó con la idea, y mientras caminaban, observó el cuello sin pelo del perro, por lo que le preguntó por qué tenía su cuello desnudo y maltratado. ¡No es nada, le contestó el perro! Así tengo mi cuello por la correa con la que me atan.
¿Atado?, exclamó el lobo. ¿No puedes correr, entonces, por donde quieras? No siempre - contestó el perro gordo - pero ¿qué importa? Importa, sí, dijo el lobo, de tal manera que a ese precio, no quisiera ni aun un tesoro.
Dicho lo cual, el lobo huyó y corrió libremente por los campos y bosques. Fin de la fábula.
El perro gordo y fuerte estaba pagando un precio muy alto por tener segura su comida diaria. Sabía que tenía que adular constantemente a su amo, pero esto no le importaba. Para el perro, la adulación ya constituía una parte de su existencia, y bien sabía que si no adulaba a su amo, no tendría los despojos de la comida.
Esta constante adulación del perro hacia su amo es algo que muchos seres humanos practican con sus jefes, patrones o posibles protectores. Ignoran, como lo dijo La Fontaine en otra de sus fábulas, que "La adulación es un mal perpetuo". No se han dado cuenta los aduladores, como inteligentemente lo observó Baltazar Gracián, que "la adulación es más peligrosa que el odio".
¡Y claro que la adulación es más peligrosa que el odio!, pues ésta penetra en los oídos del adulado con sonidos suaves, palabras dulces, lisonjas engañosas y halagos sin fin. En cambio, el odio es franco, se expresa de frente y sin contemplación alguna. El adulador es siempre un engañado y el odiado es siempre un desengañado. El odiado sabe a qué atenerse. El adulado no sabe que la miel va mezclada con veneno.
El perro gordo y fuerte cambió su dignidad por los desperdicios de comida que le daba su amo. Y es que una forma de perder la dignidad es cuando nos sometemos por comodidad, con tal y que obtengamos comida. El pordiosero (que no tenga necesidad de serlo), pierde su dignidad, pero conserva al menos su libertad y su independencia.
Sabemos que una de las maneras de acceder al poder es a través de un vergonzoso servilismo. El escritor, Swetchine, en su obra, "Pensamientos", escribió: "¡Cuántas personas son como los perros que parecen buscar un amo!"
¡Es increíble, pero hay almas tan dañadas que se disputan el corazón humano de otros a través de sus conductas serviles!
El perro gordo y fuerte adoptó la adulación y el servilismo como forma de vida, y además, estuvo dispuesto a vivir permanentemente oprimido, sin la menor libertad.
Los seres humanos nos perdemos con frecuencia, creyendo de la manera más ingenua que la "opresión" es necesario aceptarla a fin de obtener un bien mayor, sólo que esta creencia es falsa, pues toda opresión vuelve insensatos a los hombres más prudentes.
Uno de los factores que más daño han causado a la humanidad, ha sido la opresión de tiranos y déspotas. En última instancia, las revoluciones estallan cuando ya la opresión ha lastimado en exceso a los pueblos. Lo contrario de la opresión, es la libertad.
El lobo hambriento, flaco y desnutrido, acertó: cuando se dio cuenta que el cuello del perro gordo estaba sin pelo y lastimado por la correa con la que lo ataban, prefirió seguir padeciendo de escasez, pero gozando de la libertad para caminar y correr a su antojo por los bosques y los campos.
Jacintofayaviesca@hotmail.com