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PALABRAS DE PODER

No todo podemos resolverlo

JACINTO FAYA VIESCA

PERO ANTE LO IMPOSIBLE: DOCILIDAD, DIGNIDAD Y ENTEREZA

¡La vida es difícil para todos, y para un porcentaje de personas, simplemente, es insoportable!

Si nuestras condiciones físicas no son muy limitadas, pertenecemos al porcentaje afortunado de personas, pero aun así, nuestra vida es difícil, y a veces, muy difícil y penosa.

Nada estorba más para enfrentarnos a los problemas de nuestra existencia, que el engañarnos con la ilusión de que la vida no es problemática. Toda persona que niega las dificultades, es porque no quiere verlas dado el dolor que le causan. Además, el no querer ver los problemas, se debe al miedo a sufrir por tener que enfrentarlos.

¡Así que nada mejor que eludirlos, creyendo la fantasía de que no verlos es igual a no tenerlos! Como el niño pequeño que ante la eminente colisión de dos automóviles se tapa los ojos. Igual nos pasó a todos cuando fuimos muy pequeños: ante las sombras que creíamos fantasmas, nos tapábamos con las manos los ojos.

Si en algo los adultos nos seguimos comportando como niños, es ante el enfrentamiento de problemas. Primero, negar que existen; segundo, pensar que los problemas ya se solucionarán por sí solos; y tercero, si la realidad no nos permite los refugios anteriores, optamos por uno de estos dos caminos: seguir engañados al aceptar el problema al pretender disminuir su importancia, o darnos por derrotados, pues nuestro inconsciente de niños no cree que pueda luchar contra gigantes.

"Aquí la dificultad, aquí lo trabajoso". Nos dice Ortega Blake, que así empieza la Eneida, obra del prodigioso poeta de la Roma Antigua, Virgilio, cuando Eneas, personaje de la Eneida, se dispone a bajar a los infiernos.

En todo problema difícil nos encontramos "entre la espada y la pared". ¡No todos los problemas tienen solución! Ante los no solucionables, sólo nos queda sufrir sus consecuencias, pero sufrir con medida y dignidad, y no hacer del problema no solucionable un camino para nuestro "viacrucis".

No cabe duda que las grandes necesidades humanas son la madre de los más grandes progresos. Sólo que esto no debe llevarnos a pensar como Platón, cuando escribió: "Las cosas más difíciles son las más hermosas". Más bien, quedémonos con el estoico español nacido en la ciudad de Córdova, España, y radicado desde muy niño en Roma, Séneca, quien escribió: "No es que no nos atrevamos a emprender ciertas tareas porque son difíciles, sino que son difíciles porque no nos atrevemos a emprenderlas".

Séneca tiene razón para la mayoría de los casos, pero no para todos los problemas, pues un porcentaje de ellos no podrá solucionarse, y ante ello, sólo cabe sufrirlos, aceptar la realidad con dignidad y no morar en el dolor innecesariamente.

Bien lo dijo Goethe: "Los males y los bienes nos vienen entreverados". Ni estamos viviendo en el cielo, ni tampoco en el infierno. La vida nos da alegrías y dolores, y ¡esta es la más grande verdad que debemos aceptar! Ningún ser humano estará exento de grandes problemas y sufrimientos. Al igual, nadie podrá existir en un dolor constante.

¡Somos seres humanos! y aun la persona más feliz que haya existido, habrá sentido los lancetazos del temor a la muerte. Y así, el más feliz termina igualándose al más infeliz: la muerte los hará iguales.

El punto de partida para tratar de solucionar nuestros problemas consiste, pues, en "no" adoptar una actitud optimista ni una pesimista. La única actitud inteligente es la adopción de una postura "realista". Meternos de lleno al problema. Conocer de qué se trata, cuáles son sus factores de gravedad, dónde están las raíces del problema y a qué profundidad se encuentran. Como me dijo mi inteligente amigo, Antonio González Duéñez: "Todo problema hay que arreglarlo desde la raíz, pues si no, es como las plantas dañinas, que si sólo las podamos seguirán creciendo, pues no las arrancamos desde su raíz".

¡Saber que por más grave que sea el problema, no podrá serlo más que nuestra propia muerte, ni aun cuando esa dificultad pudiera conducirnos a ella!

Estar conscientes de que la gran mayoría de nuestros problemas no es una cuestión de "vida o muerte".

Si los problemas difíciles llegamos a solucionarlos, saldremos fortalecidos, tal y como lo dijo el filósofo alemán, Nietzsche: "Veneno que no me mata, me fortalece". Si lo solucionamos, habremos sufrido un desgaste físico y emocional que tendremos que recomponer. La solución de grandes dificultades nos hace sabios. La sabiduría no es una cuestión de inteligencia, información, conocimiento o cultura, la sabiduría surge cuando se nos ha herido hasta lo más profundo del corazón! La inteligencia no da sabiduría. El sufrimiento es lo único que puede darla.

No se trata de volvernos cazadores de problemas, pero los que son nuestros o de personas muy queridas, debemos afrontarlos. ¡Afrontar los problemas, afrontarlos siempre, es lo único que nos puede permitir llegar a resolverlos (no todos, por supuesto)!

¡Ya estamos en la vida, y qué le vamos hacer! Contamos con muchísimos recursos físicos, emocionales, ayudas de amigos, y hasta oleadas de buena suerte que nos permiten resolver una gran cantidad de problemas.

Y cuando no podamos solucionarlos, pues, ¡ni modo! Nosotros lo quisimos de un modo, pero como dijo un poeta de la Grecia Antigua: "Pero los dioses lo quisieron de otra manera".

¡Ante lo imposible, aun contamos con lo más sublime de nuestra alma: docilidad ante lo inevitable, dignidad y entereza!

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