"Patriotismo es la voluntad de matar y ser matado por razones triviales".
Bertrand Russell
México y Francia están viviendo una nueva guerra de los pasteles: un conflicto en que las dos partes hacen desplantes de patrioterismo y en el que nadie quiere entender los puntos de vista del otro.
La guerra de los pasteles se fue gestando así en la década de 1830. Un grupo de ciudadanos franceses residentes en México se quejaron ante París de abusos que habían sufrido en nuestro país, entre ellos que el Gobierno mexicano les había cobrado unos "préstamos" forzosos.
Uno de los quejosos era un pastelero francés de Tacubaya de nombre R. Remontel, quien como agravio adicional señalaba que unos oficiales del ejército de Antonio López de Santa Anna se habían comido sin pagar unos pasteles de su establecimiento por los que pedía una indemnización de 60 mil pesos, una suma enorme. Añadida a los reclamos de los demás franceses, Francia exigió al endeble Gobierno de México una cifra de 600 mil pesos.
Como el Gobierno mexicano se negó a pagar, una armada francesa fue enviada a nuestro país en 1838. Tomó San Juan de Ulúa y sitió el puerto de Veracruz durante meses. En las hostilidades Santa Anna perdió una pierna y se convirtió en héroe. Quizá el peor daño que nos hicieron los franceses, de hecho, fue darle fuerza política a Santa Anna para regresar en repetidas ocasiones al poder.
Los mexicanos perdimos la guerra de los pasteles, como todas las demás que hemos peleado. El país tuvo que pagar los 600 mil pesos de indemnización que los franceses reclamaban. Quizá el único punto bueno es que al Gobierno ya no se le ocurrió cobrar esos préstamos obligatorios que generaron el conflicto... y supongo que los oficiales ya no siguieron comiéndose sin pagar los pasteles de Remontel.
La guerra por Florence Cassez es, por supuesto, completamente distinta, pero al igual que la 1838-1839 nos revela la estupidez de la naturaleza humana, especialmente cuando la gente se enreda en la bandera del patriotismo.
Tanto el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, como el de México, Felipe Calderón, están más preocupados por su popularidad política que por la justicia. Es posible que Florence Cassez haya participado en la banda de Los Zodiacos, pero las irregularidades en el caso que se le siguió son tan grandes que en cualquier país con respeto a los derechos humanos habría quedado libre. El interés de Sarkozy en Cassez es producto del hecho de que ésta se ha convertido en una causa célebre, lo cual le permite presentarse ante sus electores como un valiente caballero que defiende a una atractiva mujer injustamente encarcelada por un país de corrupta justicia.
Los dos presidentes están actuando en contra de los intereses de sus países y de la justicia. El que las irregularidades en el caso de Cassez, incluyendo la falsa reescenificación de los hechos ordenada por el actual secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, no hayan sido castigadas da un mentís a la idea de que el Gobierno de México está preocupado por la justicia. Por otra parte, si el presidente de Francia hubiera querido realmente la liberación de Florence, habría hecho un cabildeo más discreto y seguramente habría conseguido que se le trasladara a Francia para purgar su pena. La notoriedad del caso lo ha hecho imposible.
Me parece que los presidentes deberían abandonar sus desplantes de patriotismo, darse la mano y dejar de tomar medidas, como la cancelación del año de México en Francia, que afectan negativamente a ambos pueblos. Si no quieren, mejor que se agarren a pastelazos entre ellos y que gane el mejor.
Un país como México debe tener mucho cuidado cuando asume posiciones de principio. Nuestra cancillería defendió a Joe Medellín y a otros mexicanos condenados a muerte en Estados Unidos con el argumento de que se les habían negado sus derechos consulares. Pero ahora no ha importado que lo mismo se haya hecho a Florence Cassez.