Poniéndose de acuerdo ¿en la cama?
¿Cuál es el momento ideal para hablar con la pareja de lo que se desea y no en el sexo? A algunos les vienen ciertas inquietudes (como insatisfacción) y/o necesidades mientras están ‘en plena acción’. Otros reflexionan al respecto luego de sostener un encuentro. Pero ¿qué tan conveniente es externar dichos comentarios en cualquiera de esos instantes?
¿Es acaso la cama el lugar apropiado para argumentar qué está bien y qué está mal en la vida erótica de la pareja? Reclamos y peticiones en el lecho pueden avivar o enfriar la relación, todo depende de la susceptibilidad, la manera de pedir las cosas y los temores que hombres y mujeres mantengan ocultos sobre su propio desempeño sexual.
¿HABLAR ANTES DEL AMOR?
¿Qué pasa cuando uno de los amantes se siente a disgusto o insatisfecho con lo que el otro hace? O tal vez se encuentre conforme con la manera en que conducen su sexualidad, pero anhela experimentar movimientos o posiciones distintos. La pregunta en concreto es: ¿se vale plantear estos asuntos justamente antes de dar comienzo al lance erótico (o durante el mismo), o es preferible esperar a que las aguas alcancen su nivel y ahí sí echar la caballería a la contraparte?
La experiencia sexológica nos dice que una vez que ha comenzado el evento sexual lo mejor es aprovechar lo más que se pueda el momento y después, ya serenados los ánimos, entonces sí hablar tranquilamente sobre cómo se puede perfeccionar lo que se hace o exponer si alguna cuestión no resulta agradable o ‘cae gorda’.
Si dos personas están en pleno faje, en medio de abrazos y manoseos cachondos, y de pronto uno de ellos sale con la expresión: “Sabes que, no me agrada cómo haces tal o cual cosa, ¿qué tal si ya que estamos haciéndolo pruebas de equis manera?”... bueno, el más pintado se pone descolorido y lo más seguro es que cualquier detalle que le estén pidiendo no logre llevarlo a buen término. O quizá acepte el experimento pero de muy mala gana y ninguno lo goza. También puede ocurrir que la petición le ponga un freno a la pasión. Estas reacciones son válidas para hombres y mujeres. Aunque cada cabeza es un mundo y se dan casos en donde los reclamos excitan a los compañeros sexuales.
¿Y SI YA TERMINAMOS?
Numerosos amantes gustan de interrogar a su pareja acerca de su habilidad amatoria una vez concluida la actividad erótica. “¿Qué, logré excitarte? ¿Te gustó?”. Pero como dicen, “el que busca, encuentra”, y en ocasiones las respuestas que obtienen estos individuos no son del todo satisfactorias.
Aquí entran en juego dos cosas. Primeramente la honestidad al contestar tiene que ser congruente con la forma de preguntar. Existen personas que cuestionan sobre sus virtudes sensuales con el afán de escuchar una opinión negativa y así lastimarse, así como otras sondean a su ‘media naranja’ con un auténtico interés por saber si hay algo que pueden mejorar en el próximo acto íntimo.
Por otro lado, muchos suelen responder en automático que todo estuvo maravilloso aunque en realidad no lo crean así. O quizá en efecto disfrutaron, pero tienen en mente una sugerencia que tal vez podría aumentar su placer en futuros encuentros y se quedan callados por miedo a herir la susceptibilidad del compañero.
No obstante, las parejas que logran una plenitud sexual mantienen la comunicación abierta y son capaces de hablar sobre aspectos que intensificarían la intimidad si se incluyeran para próximos eventos.
Indudablemente, una vez saciados, sudorosos y todavía excitados, es un momento propicio para que los cómplices sexuales se propongan maniobras aún más cachondas. Sí se vale, siempre y cuando los dos estén abiertos y dispuestos a escuchar sin remilgos lo que cada uno desea. En esos instantes que comparten en la cama luego del amor, aún quedan restos de tibia humedad por el deleite obtenido.
Desde luego, también es posible charlar sobre lo que se piensa del erotismo conyugal en otros sitios y circunstancias, no forzosamente al terminar el coito.
EN EL PEDIR ESTÁ EL DAR
Ana María tiene 40 años y hace poco acaba de iniciar su vida sexual con Roberto, de 45. En su primera vez juntos Ana María no sabía bien cómo conducirse y tuvo dificultad para lubricar. Roberto se molestó y en tono irritado le dijo: “¡Hace falta que cooperes más, que te muevas, parece que no tienes interés!”. Como era de esperarse, a ella el comentario la lastimó, mientras que Roberto al ver su gesto afligido perdió la erección.
Preocupada, Ana María recurrió a asesoría sexológica y comprendió que su conducta era natural; gracias a ello pudo platicar con Roberto sobre sus expectativas y necesidades, y ambos acordaron que cuando alguno fallara o dejara de atender al otro, serían sinceros y aclararían las cosas, siempre con la delicadeza por delante.
Los comentarios hirientes sobre el desempeño sexual, lejos de ayudar son contraproducentes. Pero hay que recordar que el que calla, otorga. Entonces todo depende de la actitud, que deberá ser proactiva, expresiva, sin dejar que los malos entendidos o descuidos minen la relación. Se trata de proponer, no de atacar. Hablar claro no significa pasar por encima del otro sino externar lo que se siente y se quiere, sin faltarse el respeto y buscando que la relación vaya creciendo en todos los ámbitos.
HÁBLENLO SIN MIEDO
Es importante compartir abiertamente los deseos y necesidades eróticos que cada uno tenga; pero el preámbulo o el acto mismo no suele ser el mejor momento para ello. Dialogar sobre lo que queda guardado, lo que no se ha hecho, requiere de un espacio aparte a fin de que se asimile, se acepte, se modifique o francamente se rechace.
No existe una pareja en la Tierra 100 por ciento satisfecha sexualmente, eso equivaldría a que ya no queda nada por probar y descubrir.
Dice la canción que hay un tiempo de amar, otro de meditar, y es la verdad. Los cónyuges que han sabido exprimir el jugo a su relación se caracterizan por sostener pláticas frecuentes, donde en medio de miradas y sonrisas afloran las necesidades no expresadas.
La vida sexual no es para tomarla como un acto formal, serio, sino como algo divertido que puede llevar a los compañeros en el amor a sacar energía para enfrentar todos los obstáculos de la existencia.
La comunicación de lo que se anhela debe buscarse equilibradamente, entre dos; no hay uno más importante que el otro. Los amantes sacan partido de cada rincón y minuto para aprovecharlo, aprovechándose entre sí. Si ambos asumen el rol de gozar y ser gozados, entonces cualquier encuentro será único e irrepetible.
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