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PROLONGANDO LA AGONÍA

POR SALVADOR KALIFA

Los países fuertes de la eurozona quizá desean que los débiles como Grecia, Irlanda y Portugal, salgan de ella, pero no lo dicen públicamente. Prefieren, en su lugar, hacer reuniones y pedir mayores sacrificios a las poblaciones afectadas, que cada día se resistirán más a ello.

El propósito es comprar tiempo y ver si así se evita el incumplimiento de algún país deudor, particularmente Grecia, ya que le temen más a lo desconocido, en este caso, los costos de un incumplimiento general que pudiera llevar al desmantelamiento del euro.

Grecia, por ejemplo, tiene el compromiso de fondear la mitad de sus necesidades financieras de 2012 en los mercados, y su totalidad a mediados de 2013. Las tasas actuales y el nivel de su deuda soberana, que se acerca al 160% por ciento del PIB, muestran la imposibilidad de lograr esos objetivos.

Las opciones para Grecia, así como para Irlanda y Portugal, son extender los plazos de vencimiento de sus deudas soberanas, reducir más las tasas de interés y hacer quitas de principal. Esto último, por cierto, es opuesto por el Banco Central Europeo (BCE), que considera al incumplimiento como una pesadilla. Christian Noyer, miembro del BCE dijo en Tokyo el 16 de mayo que "es absolutamente la solución equivocada. Sería una catástrofe".

La posición del BCE se debe a que no hay tal cosa como una reestructuración ordenada de la deuda soberana de un país. Una vez que se abre la puerta para ese evento, los inversionistas saldrán en estampida de la deuda de otros países débiles como Irlanda, Portugal y hasta España.

Esto haría que esas economías enfrentaran dificultades crecientes para dar servicio a sus compromisos financieros y, en un extremo, tuvieran también que reestructurar sus deudas. Un escenario de esa naturaleza impondría costos enormes sobre los bancos de todos los países de la eurozona, y no sólo sobre los de las naciones periféricas. En ese contexto habría una crisis financiera de dimensiones extraordinarias que bien pudiera desembocar en el colapso del euro.

Ello explica por qué los países miembros de la eurozona decidieron en su reunión del lunes 16 de mayo hablar, por primera vez, sobre la posibilidad de extender los plazos de la deuda soberana de Grecia a cambio de que acelere la privatización de activos y reduzca más su gasto público.

La decisión sobre esta posibilidad dependerá de lo que ofrezca Grecia y de una evaluación de su situación por parte de un equipo conjunto del Fondo Monetario Internacional y la eurozona. Esto se discutirá en la reunión de ministros del 20 de junio.

Mientras tanto, el descontento se generaliza entre los habitantes del norte de Europa en relación con los costos de apoyar a los países con problemas de deuda soberana de la periferia. La suerte de Grecia depende, en esencia, de la actitud de los alemanes, que a la fecha están divididos en cuanto dar más ayuda a los griegos, según los datos de una encuesta publicada a mediados de mayo que muestra a 48 por ciento a favor y 41 por ciento en contra.

La ampliación de plazos para Grecia no resolverá su problema. El país helénico es insolvente y tendrá, tarde o temprano, que hacer quitas de su principal. En esto es interesante observar que Grecia está en una mejor posición que los países latinoamericanos. Éstos, cuando han tenido que renegociar sus compromisos financieros en moneda extranjera, enfrentan condiciones muy estrictas que se litigan en cortes internacionales.

Grecia, en cambio, documentó la mayor parte de su deuda soberana (entre 80 y 90 por ciento) con base en sus leyes locales, lo que facilitaría cualquier acción unilateral de las autoridades griegas, que pudieran aplicar legalmente quitas de hasta un 50 por ciento a sus compromisos financieros con el exterior.

Esta mayor libertad quizá explica el temor de los inversionistas internacionales a un incumplimiento, que se refleja en el rendimiento por encima del 22 por ciento de los bonos a dos años de Grecia, así como de alrededor del 15 por ciento para los bonos a diez años.

El costo actual para la economía griega es enorme y la dilación lo elevará aún más. El desempleo excederá pronto el 15 por ciento, y la producción se contraerá por lo menos en 3 por ciento este año. Las posibilidades de crecimiento en 2012 son muy pocas, si consideramos que el gobierno tendrá que reducir el gasto éste y el próximo año.

Considero, por tanto, que muy pronto veremos en Grecia señales crecientes de resistencia civil y política, que bien pudieran doblegar a su gobierno y llevarlo al incumplimiento unilateral de su deuda soberana. Esta historia, sin duda, todavía tiene muchos desenlaces posibles, casi todos prolongando la agonía de Grecia y siendo negativos para la economía europea y global.

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