Recientemente comentaba en alguno de mis escritos acerca de los legados familiares. Los legados familiares son tan importantes que, en la mayoría de los casos, norman los hechos de una familia.
La educación, la idiosincrasia, las costumbres, la manera de ver la vida, las manifestaciones de cariño (o no manifestaciones), etc., todo esto son legados familiares. Los sentimientos de soledad, la depresión, la alegría de vivir, la ironía (hacia los demás y contra uno mismo), el racismo, la religiosidad, los hábitos alimenticios, los hábitos de limpieza, la manera de realizar los trabajos diarios etc.
Un médico me comentaba que constantemente recibía a los miembros de una familia con problemas óticos, debido a que utilizaban un hisopo para eliminar cualquier humedad que les quedaba en los oídos, y aunque él le indicaba a la mamá que era peligroso introducirse cuerpos extraños en esa parte del cuerpo, ella le replicaba que en su familia su mamá cuando estaban pequeños así lo hacía, y debido a eso ella la imitaba. Inclusive hay una expresión de los otorrinos que dice: "los oídos sólo deben tocarse con los codos", porque son partes del cuerpo muy delicadas.
Mi buena amiga Concha Anzures de Arias (excelente anfitriona, por cierto) la semana pasada nos platicaba que tuvo una muchacha de servicio llamada María, quién cuando le indicó que friera unos filetes, ésta antes de colocarlos en el sartén le cortó los extremos. Cuando Concha la cuestionó porqué le quitaba esas partes, María le dijo que así lo hacía su mamá, entonces Concha le dijo que le preguntara por qué, y la mamá le dijo que porque así lo hacía su mamá y que le iba a llamar para saber el motivo culinario; entonces, la abuela de María le dijo que ella así lo hacía porque tenía un sartén pequeño y el filete no le cabía entero. Conclusión: un déficit económico convirtió un asunto en legado familiar.
Lo mismo sucede con las ideas y las expresiones; si alguna antepasada tuvo una mala experiencia amorosa, el legado familiar es la expresión "todos los hombres son malos", y aunque suene de risa, un pensamiento de esta naturaleza puede echar a perder la vida de las personas, porque habrá alguien que no se quiera casar porque "todos los hombres son malos". O puede suceder lo contrario: si el legado es la expresión "todos los hombres son borrachos", la hija no dudará en casarse con un alcohólico porque al fin que "todos los hombres son borrachos" y padecerá su cruz con valor y entereza.