“Puedo asegurarles que estamos avanzando por la ruta correcta y que vamos a derrotar a
los criminales para construir finalmente un México de paz, un México seguro...”
Felipe Calderón
No culpo al presidente Calderón por haber hecho un esfuerzo en su mensaje de año nuevo del 2 de enero para presentar una visión optimista de la lucha de su gobierno contra el crimen organizado. El primer elemento para tener éxito en una guerra es creer en la victoria. En nada habría ayudado a su causa el primer mandatario si hubiera ofrecido una apreciación más realista, más pesimista, de lo que está aconteciendo en nuestro país.
Sin embargo, no hay certeza de que estemos por la "ruta correcta". Tampoco de que "vamos a derrotar a los criminales" y a construir un "México seguro". Hasta este momento, de hecho, estamos perdiendo la partida sin que haya indicios de que podamos ver una mejoría en el corto o mediano plazos.
El gobierno del presidente Calderón ha aumentado de manera muy importante el dinero que dedica a la seguridad pública y a la procuración de justicia. Nunca habían tenido las instituciones nacionales en este campo tantos recursos como ahora. Con la incorporación del Ejército y la Marina a las labores de Policía, por otra parte, se ha multiplicado el número de personas dedicado a estas labores.
Esta mayor inversión en dinero y gente ha redituado en más decomisos de droga, detenciones y muertes de narcotraficantes que nunca en la historia. En esto sí puede decir el gobierno que vamos por la ruta correcta. Pero como lo he señalado ya en varias ocasiones en este mismo espacio, el consumo de drogas sigue al alza en México y en los Estados Unidos mientras que los homicidios y las ejecuciones están aumentando a un ritmo vertiginoso. Según el ejecutómetro del periódico Reforma, en 2010 hubo 11,583 ejecuciones en el país, lo cual casi duplica las 6,587 del 2009 o quintuplica las 2,119 del 2006, último año del gobierno de Vicente Fox.
Cuando la gente expresa sus deseos de una mejoría en la situación de inseguridad no se refiere al dinero que se gasta en la lucha contra el narco o al número de capos muertos o a los decomisos de droga sino a una disminución en la violencia y en el número de delitos con víctima, como los secuestros. Hasta estos momentos no hay indicación de mejoría en ninguno de estos rubros. De hecho, la experiencia nos dice que entre mayor es el éxito en la detención o muerte de los grandes capos del narco, mayor es la violencia. Las luchas por el poder que dejan las ausencias de los líderes son la razón.
Es muy probable que se mantenga la situación de inseguridad que ha afectado a nuestro país en los últimos años. A lo mucho, me parece, podemos aspirar a que ya no sigan creciendo las ejecuciones, las cuales se encuentran en sus máximos históricos. Sin embargo, los números crecientes de secuestros y homicidios masivos, como son los casos de los indocumentados centroamericanos de Chahuites, Oaxaca, los cazadores guanajuatenses de Zacatecas, los turistas de Acapulco o los ilegales de San Fernando, Tamaulipas, no nos hacen albergar muchas esperanzas.
Entiendo que el presidente Calderón quiera ofrecer una expresión de esperanza en este año nuevo. Él ha apostado todo el poder de su gobierno al combate al narco y al crimen organizado. No hay otro tema al que le haya dedicado tanta atención y recursos frescos. Su legado histórico se verá ineludiblemente marcado por los resultados en este esfuerzo.
Los mexicanos, de hecho, quisiéramos que el presidente tuviera razón y que este 2011 ratificara que nos encontramos en la ruta correcta para construir un México de paz. Pero ante la experiencia de los últimos años, tenemos razones para ser pesimistas.
Si en el campo de la seguridad hay incertidumbre, en la economía hay confianza. Después de ganar 20 por ciento en pesos nominales, y 26 por ciento en dólares, en 2010, la Bolsa Mexicana de Valores empezó este 2011 con un nuevo salto y un nuevo récord histórico.
Www.sergiosarmiento.com