Siglo Nuevo

Sin comparación

OPINIÓN

Sin comparación

Sin comparación

Adela Celorio

Hay mujeres que tienden a subir, pero hay otras que sólo suben a tender.

Porque toda comparación es mezquina y porque cada destino tiene su propio misterio, debo confesar que el par de sositos que se casaron el pasado abril con toda la parafernalia que exige la realeza británica nunca me provocó el menor interés, hasta que me enteré de que antes de casarse la novia exigió que de sus votos matrimoniales se eliminara el de obediencia. Fue entonces cuando me interesé en Catalina. Entendí su rebeldía a obedecer cuando supe que Catalina es un año mayor que Guillermo, y la verdad un añito de más en una mujer es como 10 en un hombre.

Hija de padres trabajadores que han hecho su fortuna a base de esfuerzo, con una carrera universitaria que la avala y refuerza su autoestima, Catalina da la impresión de ser una joven inteligente y sólida. Como todos sabemos ella no tiene sangre azul pero Guillermo seguramente ya descubrió que él tampoco, porque cuando les han cortado la cabeza a algunos reyes la sangre siempre ha fluido tan roja como la de cualquier plebeyo.

Por su actitud sencilla y cercana a la gente, la parejita parece estar bien consciente de que las testas coronadas no tienen ya lugar en el futuro de la humanidad; como lo demuestra el hecho de que si bien la monarquía inglesa es una de las más fuertes y respetadas del planeta, una agrupación antimonárquica llamada Republic (integrada nada menos que por 10 millones de británicos) aprovechó el asueto concedido por la boda real para celebrar con música de jazz, comida y entretenimiento, manifestando: “A diferencia de los festejos reales, nosotros festejamos la democracia y el poder popular y no los privilegios heredados”. Los festejos antimonárquicos tuvieron su réplica en fiestas privadas y públicas en diferentes ciudades de Inglaterra y Escocia, porque según imagino los ciudadanos ya deben estar cansados de mantener a tanto parásito. Parecería que ante el movimiento antimonárquico que está cobrando cada vez más fuerza, herederos y herederas de coronas y coronitas de la vieja Europa, adelantándose a los cambios que tarde o temprano enfrentarán, están optando por casarse con plebeyos.

Pero a lo que iba: no hay punto de comparación. Tan soso como Catalina y Guillermo o un poco más si se puede, el príncipe Carlos, heredero directo de la corona Inglesa, sucumbió al támpax de Camila: “Quisiera ser tu támpax para estar entre tus piernas” dijo alguna vez por teléfono a su entonces amante, que esa sí nada sosa se salió con la suya y es ahora esposa de Carlos y condesa de Cornualles. Bien dicen que la suerte de la fea, la bonita la desea.

A su vez Diana, sin la menor responsabilidad ante el sitio que la Historia le tenía reservado, con la cabecita llena de algodones de azúcar, soñaba con el amor romántico y lo confundía con cualquier cosa. La larga cadena de sus enamoramientos fulminantes comenzó con su caballerango, quien la traicionó vendiendo al mejor postor las inflamadas cartas de su amante. Obsesiva como era, siguió con los desfiguros de su corazón hasta encontrar la muerte junto al hijo de un magnate, quien sin más oficio que el de ‘hijo de papá’, a la orden de “tengo a Lady Di en mi yate, vente para acá”, abandonó a la joven con quien vivía en Nueva York y voló a seducir en un tiempo récord y por encargo explícito de su padre a la tontuna de Diana.

Catalina por su parte, parece una joven madura y preparada que al contrario de su difunta suegra, sí cuenta con el amor y el apoyo de su esposo. Hasta ahora una pareja de sositos que seguramente dará poco de que hablar a la prensa amarillista; aunque... habrá que esperar, porque nunca se sabe.

Correo-e: adelace2@prodigy.net.mx

Leer más de Siglo Nuevo

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Siglo Nuevo

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Sin comparación

Clasificados

ID: 639728

elsiglo.mx