Se dice rápido, pero han transcurrido doce años desde la fundación del "Foro Iberoamérica". La persistencia de Carlos Fuentes y los directivos en provocar una discusión rinden cada año mejores frutos. Hoy la riqueza del Foro co-presidido por Ricardo Lagos, ratifica lo acertado de la idea que le dio vida: reunir una vez al año a un debate multidimensional de eso que llamamos Iberoamérica. Empresarios diversos, pero también narradores y poetas, científicos, políticos en activo o en retiro, -casi una decena de expresidentes- periodistas y directivos o dueños de los medios, especialistas en finanzas o economía, diplomáticos, todos reunidos sin demasiados formalismos y sin prensa para discutir los dilemas de nuestras diferentes naciones.
El tema eje de este año, el papel de las comunicaciones y las redes sociales en este cambiante mundo, dio para mucho. Sorpresas te da la vida, hace una década los referentes obligados como historias de éxito eran España y en cierta medida Portugal. Hoy los escenarios presentados igual por Enrique Iglesias, Fernando Henrique Cardoso o empresarios como Carlos Slim o Gustavo Cisneros dejaban ver un horizonte latinoamericano mucho más consolidado. No exentos de lunares y carencias serias como los bajos niveles educativos y de investigación de muchas de nuestras naciones, la institucionalización de las economías de mercado con entes reguladores funcionales se mira muy distante del desastre europeo encabezado por Grecia y seguidores como la tambaleante Italia. ¿Quién lo hubiera dicho?, todo cambia.
¿No estaremos ante una burbuja Latinoamericana? Algunos problemas son evidentes como la sobrevaluación del Real Brasileño o la creciente dependencia de la exportación de materias primas que no necesariamente consolida un desarrollo sustentable. Pero las tasas de crecimiento económico del área o la dolorosa comparación con los niveles de endeudamiento europeos no dejaron demasiadas dudas. El presidente Lagos, en una brillante exposición basada en su más reciente libro "América Latina y el Mundo que Viene" (Debate), insistió en la vieja historia, tema de temas: las nefastas consecuencias de la desigualdad en la estabilidad y en el grado de satisfacción con las instituciones democráticas. Los indignados latinoamericanos están presentes. Las redes llegaron para quedarse, basta ver a los estudiantes de Chile.
Sin embargo, los datos alentadores para la región siguieron apareciendo. En una muy rica discusión sobre las ventajas comparativas de los países emergentes, la abundancia de recursos naturales -agua, tierra, sol- del área Latinoamericana, se mostró el enorme potencial de desarrollo, envidia de muchos de los países desarrollados. Pros y contras, si bien es cierto que el 22% de los bosques está en América Latina también lo es que la mitad de la Selva Amazónica estará degradada en 2030. De nuevo aparece el reto tecnológico, los escasos recursos invertidos en investigación y las poquísimas patentes que se registran nos hablan de la falta de visión de largo plazo. Para algunos la zona representa una reserva estratégica mundial en la producción de alimentos que debe ser considerada uno de los grandes tesoros por explotar. Se requiere mucha tecnología que no producimos. Pero los descuidos también son evidentes: deforestación, poca energía limpia, contaminación, falta de planeación.
No todo es miel sobre hojuelas. Hablar de cierta unidad en la cultura Iberoamericana es cómodo, pero hay otros puntos de encuentro que no parecieran tan evidentes. El expresidente Gaviria -quien tuvo varias intervenciones preñadas de sensatez y visión de largo plazo- se refirió a una vieja discusión. Para un país como Colombia la disyuntiva norte o sur es absurda. América Latina debe ser norte más sur. Allí hay dos ejes imprescindibles: Brasil y México. Lo son por tamaño de su población, de sus economías, por sus niveles de desarrollo. El peso regional pasa por una alianza estratégica entre esas dos naciones. Pero la visión brasileña, que no es nueva en el Foro, es diferente. Brasil no es un país más, es un país continente. Su lógica de desarrollo está impuesta por la geografía y en ese sentido la estrategia regional es secundaria. Todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros.
La seguridad y en especial México fueron temas centrales. El área está mal y eso limita el desarrollo. Hubo otra coincidencia con intervenciones de Cardoso, Gaviria, Iglesias, Bernardo Sepúlveda o Beatriz Paredes y otros: tener claras las prioridades. Lo primero es la seguridad que afecta a los ciudadanos y al estado, independientemente del destino de los narcos o de la droga. Eso sí está en nuestras manos. Lo segundo es controlar el consumo interno. Para lograrlo la consolidación de instancias de inteligencia y policías eficaces es central. México y Colombia tienen autoridad moral para convocar a una cumbre sobre el tema. Nadie se opuso. La reseña es imprecisa e injusta, pero espero útil.