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Un lenguaje político

GILBERTO SERNA

De los que se mencionaban como probables, los que trabajaban en el gabinete, las voces ensalzaban hoy a uno mañana a otro, sin saberse cuál era el favorito del Gran Dedo, por lo que desesperados estaban atentos a los gestos del Presidente que iba de salida y que como se venía acostumbrando era el fiel de la balanza que daría la orden que nadie desafiaría de que fuera destapado por uno de los tres sectores: popular, campesino u obrero. El edificio del PRI estaba que hervía, unos salían y otros entraban, eran los heraldos de los candidatos que estaban esperando cualquier mueca, mientras más disimulada mejor, para correr con sus contingentes, el que no los tenía era un don nadie, a dar la nueva como ocurre en el Vaticano que al elegir al nuevo vicario de Cristo, empieza a salir por la tronera humo blanco, y un Cardenal Protodiácono sale al balcón central de la Basílica de San Pedro annuntio bobis gaudium magnum: habemus papam, buscando, en el caso de los políticos locales, congraciarse con el nuevo sol. En esa vez, aquí entre nos todas las veces, andaban vueltos locos, les habían dicho que el elegido sería aquél, luego que siempre no, que el bueno era otro. Las huestes corrían de un lado a otro como gallinas recién descabezadas.

El Presidente, en esos tiempos, se ajustaba a un acuerdo no escrito, pero férreamente cumplido. Él decía quién sería su sucesor. Uno de los sectores se inclinaba públicamente y todos parecían estallar en júbilo, hasta entonces soterrado; los que no eran señalados se retiraban discretamente o tomaban las de Villadiego, conformándose con el papel que les tocaba desempeñar. El caso es que hubo dramatismo que no trascendió al gran público al recaer la candidatura en Adolfo López Mateos que daría lugar a que se hablara de un Adolfo el viejo y un Adolfo joven. El viejo, no estaba tanto, había nacido el 30 de diciembre de 1889 y murió el tres de diciembre de 1973, a la edad de 84 años, había iniciado su mandato el primero de diciembre del año de 1952, frisando en sus floridos 63 años. Es el único Presidente de la República al que he visto sonarse la nariz sacando el pañuelo de su bolsillo, frente al senado y las cámaras de televisión que transmitían el evento. No desmerecía la ceremonia del Informe el que su excelencia lanzara con la fuerza de una pedorreta sus excrecencias nasales interrumpiendo brevemente el evento sin que nadie de los nadies se atreviera a emitir la más leve censura, después de todo, en ese momento, el dueño del circo era el viejo.

Qué les cuento, otro de los candidatos que creía traer la candidatura en la bolsa y ¡oh! decepción, se enteró que el elegido era su archirrival Adolfo López Mateos, cuando le llevaron la noticia. Su sorpresa lo hizo entrar en una momentánea paranoia que le hizo exclamar: "me engañó, no creí que fuera tan falso, me había dicho que arreglara un antiguo problema económico en que incurrí siendo su secretario de Agricultura, con lo que me dejó ver que me estaba dando la bendición, si no ¿para qué me aconsejaba corrigiera mis desajustes económicos?"

Al saber lo que había dicho Gilberto Flores Muñoz, el viejo don Adolfo confesó ante sus allegados que quien no había entendido el mensaje había sido "El Pollo→ ", como cariñosamente llamaba a Flores Muñoz. Si le aconsejé que arreglara el pequeño desfalco en sus finanzas era claro que no sería él quien me sucediera, pues un Presidente no tiene por qué rendirle cuentas a nadie. Esto lo sé de trasmano de uno de los actores de esa cuasi-tragedia griega. Años después la vida a la que gustan las jugarretas provocaría un final que no se merecía.

Los manes de la política son caprichosos, mueven los hilos de los seres humanos como si se tratara de marionetas sin sentimientos. Usted leyó a Denise Dresser, páginas 48 y 49, del semanario número 1803 de 22 de mayo de este año, que la periodista tituló: Lo que todo ciudadano debería saber sobre Enrique Peña Nieto. Dice que quienes lo conocieron de niño lo recuerdan como alguien obsesivamente preocupado por su imagen, su peinado, su ropa. Siempre usó el copetito, si acaso más parado, en las fiestas. Señala Denise, después de referir que Peña Nieto siempre asistió a colegios religiosos y se graduó en una institución educativa del Opus Dei, narra lo que ocurrió en una de las giras por el Estado de México, se hinca, escucha con reverencia a una anciana, como si escuchara cuitas y penas y faltas y anhelos. Más adelante la periodista apunta: el Estado de México, que gobierna Peña Nieto, es el lugar más peligroso en el país para ser mujer actualmente. 2 mil 673 mujeres, fueron asesinadas entre los años 2000 a 2009, todas en territorio mexiquense, cifra que rebasa cualquier índice nacional, incluyendo Ciudad Juárez. No tiene un discurso hacia el país, no tiene una ideología o un proyecto claro, escribe Denise Dresser, más allá de llegar a la Presidencia. Se transcribe sobre el perfil delineado por Ignacio Rodríguez Reyna y publicado en el nuevo libro Los Suspirantes, editado por Jorge Zepeda Patterson.

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