Sentarnos en las gradas de un estadio ha sido uno de los grandes privilegios de nuestra vida, desde nuestra niñez cuando llegamos a esta casa y como no teníamos para pagar un boleto le pedíamos al profesor Francisco G. Durón nos llevara a los escenarios, lo que hacía con gusto.
Varias veces nos devolvían pues no aceptaban ayudantes sin cámara ni libreta, así que a pie iniciábamos el regreso a casa. Después, ya pudimos comprar un boleto para sol plateas en San Isidro, casa del Laguna y luego en el Estadio de la Revolución donde jugaba el Torreón.
Hasta que un día Armando Navarro Gascón nos invitó a hacer comentarios de partidos para la radio y luego nos llevó a la televisión, y nuestra vida cambió. Desde entonces hemos tenido siempre un lugar en muchos estadios de nuestra región, de la república mexicana y del mundo. Gracias a Dios.
Curiosamente nuestra tarea de comentar la iniciamos en la radio y después en la Tele, hasta que don Alfonso Esparza aceptó que le ayudáramos con algunas notas y columnas de basquetbol y luego le dio entrada a esta columna, hace ya muchísimos años.
Con Aarón Padilla fuimos compañeros en nuestro viaje a Sudáfrica y gozamos de sus atenciones, lo mismo que de su hijo del mismo nombre quien nos cedía lugar y nos ayudaba a movilizarnos sin siquiera identificarnos, pues consideraba que andábamos allá porque nos gustaba el mitote.
Platicamos del arbitraje, de sus deseos de que estuviera siempre superándose, y por ello nos da tristeza el papel que varios silbantes desempañan últimamente, echando a perder partidos y el mismo espectáculo, pero ojalá Aarón Padilla encuentre los caminos para enderezar la nave, pues es él un buen hombre.
Mruelas@elsiglodetorreon.com.mx